La Legion en su laberinto

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Los Legionarios de Cristo se metieron en un laberinto y arrastraron con ellos al movimiento de laicos Regnum Christi. Recordemos los hechos. En 1998, un grupo de católicos admirables presentaron denuncias contra el padre Maciel por diversos abusos (sexuales entre ellos) ante la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, encabezada por J. Ratzinger, ahora Benedicto XVI.

En 2001, sobre evidencia cierta, Juan Pablo II firmó el “motu proprio” autorizando el proceso canónico (proceso judicial). Al año siguiente, Maciel negó públicamente las acusaciones. En Mayo de 2006 Benedicto XVI disciplinó (castigó) severamente al P. Maciel, obviando el proceso canónico debido a su delicada salud y avanzada edad, privándole del ejercicio del sacerdocio e intimándolo a llevar una vida “reservada de oración y penitencia”. El Papa creyó en las víctimas del abuso y, previendo que Maciel pudiera morir en la impunidad, actuó directamente.

Los Legionarios, contra toda razón, siguieron los pasos de su fundador: negaron los hechos y atacaron a las víctimas, al grado de querer hacer de Maciel un “mártir” incluso frente a las decisiones del Papa. El año pasado y en lo que va del presente la evidencia contra el ya difunto Maciel ha salido hasta por las coladeras. Su incapacidad para reaccionar con decisión llevó a Benedicto XVI a someterlos a visita apostólica, es decir, a la supervisión completa de la obra a través de jueces especiales bajo su directa autoridad.

Benedicto XVI no se anda con chiquitas. Es un hombre lleno de bondad, muy amigo de la verdad, que también tiene la mano dura como ha quedado demostrado en otros casos análogos. El apodo de panzerkardinal se lo ganó a pulso pues su integridad nunca ha gustado a sus detractores, que los tiene en todo el espectro eclesiástico.

Para salir de su laberinto los legionarios no tiene más alternativa que enfrentar la verdad, repudiar a Maciel y fundar una congregación diferente desde la raíz. Primero, la verdad se la deben a las víctimas de Maciel que por complicidad ahora también son suyas, se la deben a sus seguidores, a la Iglesia y a la sociedad. Si persisten en la negación sólo conseguirán hacer más daño. La verdad es un deber de caridad (amor en la verdad). Segundo, un fundador es la piedra sobre la cual se levanta una congregación religiosa pues le imprime carisma, es decir, una misión concreta a seguir y cimientos firmes en tiempos de crisis. Maciel significa mentira, engaño, simulación, corrupción, obsesión por el dinero y el poder. Por último, si quieren seguir adelante, podrán fundar una nueva congregación rescatando la bondad de las obras de muchos de los miembros de Regnum Christi que han actuado con entrega y amor al prójimo. Pueden fundar en la figura de san Rafael Guízar y Valencia, uno de los hombres más admirables de México en el siglo XX, a cuyo nombre crearon un centro misionero. La verdad primero duele, después purifica, sólo al final consuela.

fdm