La libertad y los sueños

Indignación y transformación
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Leí en la revista Time un artículo sobre el sueño que acaba con una idea provocadora. El autor afirma que mucha gente considera que dormir es una pérdida de tiempo, que mientras menos lo hagamos, viviremos más, en el sentido de vivir mejor.

La vigila, se identifica, de esa manera, con la vida valiosa. Dormir es un acto fisiológico necesario para poder funcionar durante la mayor parte del día, pero no se trata de un estado deseable en sí mismo. Dicho esto, las cosas se pueden ver de otra manera, afirma el autor del artículo mencionado. Se podría decir que lo mejor de la vida sucede mientras dormimos, sobre todo, cuando soñamos. Entonces vivimos las aventuras más extraordinarias, los descubrimientos más asombrosos, las proezas más inauditas. Desde esta perspectiva, la vigilia se convierte en la condición fisiológica para soñar. Mientras estamos despiertos realizamos funciones y tareas imprescindibles como trabajar, comer, asearnos, transportarnos, organizarnos con los demás, etc. Pero lo mejor de la vida sucede después, por la noche, durante los sueños.

No defendería la tesis de que el sueño es preferible a la vigilia, pero tampoco aceptaría la tesis contraria, de que la vigilia es preferible al sueño. Ambas  tienen el mismo valor, las dos dan sentido a nuestras vidas y sin cualquiera de ellas nuestra existencia sería inconcebible.

A lo largo de mi vida he tenido sueños maravillosos, sueños que me han provocado la mayor dicha, la mayor sensación de plenitud. He llegado, incluso, a despertar dándole gracias a Dios por haberme concedido el don de algún sueño sublime.

Vuelvo al artículo de la revista. El autor afirma que cuando estamos en sueño profundo, nuestro cerebro funciona con absoluta libertad. Eso es lo que permite que nuestros sueños sean impredecibles. Permítanme ahora hacer una observación filosófica. El autor del artículo escribe como si el cerebro humano pudiera ser libre. Sin embargo, la tradición diría que quien es libre es el ser humano y, para mayores señas, el ser humano en estado de vigilia. Sólo cuando uno está despierto puede ser libre. Suponer que podemos ser libres durante el sueño es un error categorial. Y adscribirle el predicado de libertad a los funcionamientos del cerebro sería otro error categorial –en el sentido del término acuñado por la filosofía analítica de la primera mitad del siglo XX.

Un esclavo que sueña ser libre no deja de ser esclavo durante la noche. La libertad es un atributo del ser humano en su totalidad, no de una de sus funciones, no de uno de sus estados.

Sin embargo, creo que el autor del artículo ha vislumbrado un punto correcto sobre nuestras vidas. El veredicto de si somos libres o somos felices no puede ignorar esa otra dimensión de nuestras vidas, en las que nuestras mentes vuelan por un universo inexplicable.