La lucha por la calle

Pueblos sin presupuesto
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Uno de los mayores retos de la ciudad, lo constituye el ordenamiento del espacio público; su uso y aprovechamiento económico está inmerso en una serie de lagunas, insuficiencias  y obsolescencias normativas, sumado a complicidades e inercias.

Uno de los actores más visibles en el uso del espacio público para actividades mercantiles, lo constituyen los denominados comerciantes en vía pública, mejor conocidos como ambulantes. Los más de 100 mil registrados en la plataforma gubernamental denominada SISCOVIP (Sistema de Comercio en Vía Pública), que son los formalmente autorizados para ejercer su actividad, ronda solo entre el 20% al 25 % de la totalidad de los que ejercen esa actividad.

Ahora que inicia la I legislatura del Congreso de la ciudad, debería volver a discutir la actualización o abrogación del Reglamento de Mercados que data de 1951, el cual junto con el Acuerdo 11/98, emitido el año señalado después del guión; constituyen las normas básicas de regulación del ambulantaje.

Estimo que nuestro parlamento local cuenta con una oportunidad única para poner al día nuestro ordenamiento jurídico local, por tres  razones, primera, existe  una constitución local que constriñe al legislador a renovar nuestras leyes. Eso implica, presentar, deliberar y aprobar nuevos preceptos.

Segunda, los recientes comicios colocan una vez más a la izquierda con mayoría absoluta de congresistas, por lo que solos pueden aprobar lo que deseen. Y tercera, la Jefa de Gobierno electa es, sin manifestarlo, una aspirante fuerte a la presidencia de la República; por lo que están obligados a realizar el mejor gobierno y para eso requieren actualizar los instrumentos jurídicos.

Los ambulantes, son solo una porción de los ocupantes de las calles, plazas, jardines y parques, para realizar actividades mercantiles. Hay más,  por ejemplo, los tianguistas, hermanos de aquéllos, que para el grueso de la población son los mismos, pero estos orgullosos hacen descender su actividad del tianquiztli azteca, y señalan que ocupan el espacio público solo un día a la semana, determinadas horas para la venta de alimentos y productos de la canasta básica.

Otros son los  “franeleros”, que indican al automovilista si puede ocupar un espacio  para aparcarse, sea  el lugar o forma permitida o no; tarifa  y horario. Estos zares de la calle, se arrogan el derecho de imponer sanciones a toda persona que ose infringir sus señalamientos o intervenga su territorio, no importa que sea un  accidental visitante o el dueño del inmueble, que quiere usar el espacio en la calle, frente a su casa, para estacionar su unidad.

Los “Food Trucks” son los nuevos reclamantes de la calle, focalizados en el oficinista que desea experimentar una mejor cocina, con mayor sanidad,  montada en un automóvil y pegada a la banqueta.

Existen más ocupantes de la calle, que luchan por maximizarla para asegurar su subsistencia; por eso opino  que se requiere una ley para el uso del espacio público, no una ley para cada sector.