La meta en cada paso

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Por:

Mónica Garza

Esta semana escuché por ahí un tema de la fallecida cantante Soraya y logré identificar que se trataba de Por ser quien soy, aquella canción que escribió mientras luchaba contra el cáncer de mama.

Confieso que el hecho me llenó de nostalgia porque inevitablemente la memoria me regresó a aquel encuentro que tuve con ella, justo cuando daba la más difícil de sus batallas y en circunstancias que curiosamente hoy se cruzan.

Y es que así como este fin de semana cientos de hombres y mujeres —incluyéndome—, se dieron cita para participar en la carrera Huellas de Fundación CIMAB —en favor de la coincientización del Cáncer de Mama—, yo conocí a Soraya en el año 2000 precisamente en el marco de una carrera organizada en la ciudad de Miami en favor de la misma enfermedad, que seis años después cobraría la vida de la cantante de origen colombiano.

“Yo sabía que estaba en alto riesgo y sabía que me tenía que cuidar muy bien…Porque es un gen muy fuerte que corre en mi familia… Lo que yo intenté hacer fue protegerme, pensé, quizás si me toca un día lo vamos a encontrar en una buena etapa y salimos adelante”.

Me dijo Soraya en aquella ocasión refiriéndose a su madre y a su abuela materna, quienes murieron víctimas de cáncer de mama. Soraya tenía entonces 31 años y acababa de ser diagnosticada con la enfermedad en su etapa III.

La noticia cayó como balde de agua helada en el mundo de la música latina en aquel año 2000, cuando la también compositora —que introdujo en Estados Unidos la guitarra de doce cuerdas conocida como tiple— finalmente despegaba su carrera, con una gira de promoción internacional que tuvo que ser suspendida.

Soraya fue sometida de inmediato a un tratamiento de quimioterapia, pero apenas unos meses después —con una fortaleza espartana— se levantó de la cama para paticipar en aquella carrera a favor de la organización Susan G. Komen for the Cure.

Aquel octubre del año 2000 yo viajé a la ciudad de Miami a cubrir ese evento que destacaba por la cantidad de celebridades de todos los ámbitos y nacionalidades que reuniría.

Ahí, justo a un lado de la meta, en un set improvisado con dos sillas plegables y un par de sombrillas, Soraya y yo nos sentamos a platicar en una entrevista que nunca olvidaré. Así fue parte de nuestra charla:

Mónica: ¿Se te ha quebrado la fe de repente?

Soraya: No, absolutamente en ningún momento. Nunca pregunte ¿por qué me está pasando?, nunca me puse brava, nunca me dio ira porque me estuviera pasando. Le di gracias a Dios que me dio la fortaleza que tenía en ese momento para convivir con esa noticia y aceptarla…

Mónica: ¿ Ha habido días que digas hoy no quiero, no puedo?

Soraya: No, porque sé que con cada tratamiento estoy un paso más cerca de la meta, entonces no me permito pensar de esa manera tan negativa. Porque los tratamientos están de mi lado, me están ayudando y tengo que levantarme.

Mónica: ¿Has llorado mucho?

Soraya: He llorado mucho. Soy muy llorona de por sí, soy buena Piscis, pero de verdad el llanto ayuda. Es una emoción muy importante y que no se debe ocultar tampoco.

Mónica: ¿Qué cosas has descubierto de la vida que antes quizás no veías tan fácilmente?

Soraya: Que a veces nos complicamos más de la cuenta, que en fin de cuentas todo es muy sencillo. Las decisiones de repente se convierten en una cosa no tan pesada.

Mónica: ¿Qué les recomiendas a las mujeres que están sufriendo lo que tú has vivido?

Soraya: Que sepan que de verdad tienen que tener esa actitud positiva aunque sea difícil, y van a tener sus días oscuros pero tienen que seguir adelante. Que sepan que no están solas, que hay mucha gente en este mundo luchando para encontrar la cura.

Como un homenaje a su abuela y a su madre, en sus últimos años de vida Soraya lucho incansable, en contra y en favor del cáncer de mama. Yo quise rendirle hoy un homenaje a ella, que se fue con su sonrisa maravillosa en el año 2006, precisamente un 10 de mayo.

monica.garza@razon.mx

Twitter: @monicagarzag