La moderna inutilidad de declinar

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Luciano Pascoe

En 1988, el candidato presidencial del Partido Mexicano Socialista, Heberto Castillo, en un acto de profundo significado político declinó a favor de Cuauhtémoc Cárdenas y, con ello, se sumó al Frente Democrático Nacional.

Todos conocemos la historia oficial y las múltiples sospechas que hay de esa elección respecto a la intervención del gobierno y la mano del entonces secretario de Gobernación (y hoy senador por el PT) en el sistema de cómputo de los votos.

La declinación de Heberto Castillo permitió que el PMS se sumara a la construcción del PRD en 1989 y que, junto con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo se convirtiera en una de las figuras más representativas de la izquierda en la fase de la transición democrática.

Desde entonces hemos visto declinaciones por doquier sin mayor impacto que lo mediático y la negociación de algunas posiciones de gobierno pero, siendo sinceros, ninguna ha tenido validez.

La declinación no tiene efectos legales y ése es el caso más reciente del candidato al gobierno de Nuevo León de Movimiento Ciudadano, Fernando Elizondo, a favor del candidato sin partido, Jaime Rodríguez, El Bronco.

El candidato Rodríguez, quien hasta hace poco militó en el PRI, recibió el apoyo del candidato Elizondo, quien dejó su militancia en el PAN antes de aceptar la nominación por Movimiento Ciudadano.

Fernando Elizondo estaba en su segunda contienda por la gubernatura; en 2009, con el PAN, logró 760 mil votos. Si algún otro candidato hubiese declinado a su favor —y todos sus votos se hubieran trasladado a él—, tampoco habría ganado la elección.

Los votos que habría obtenido Elizondo este año no se sumarán en automático para Rodríguez; es más, los votos que se hagan por Movimiento Ciudadano el 7 de junio no le aportarán nada a la candidatura independiente de El Bronco. Tampoco tienen efectos en términos de los gastos o de sus topes, así que esta declinación no es más que un acto mediático de campaña.

En una contienda cerrada una declinación sí puede marcar diferencia aunque aporte medio punto porcentual y habrá que ver si es suficiente para que El Bronco venza a la candidata del PRI o al candidato del PAN. Yo lo dudo.

Las declinaciones buscan trasladar la intención de voto de una candidatura a otra pero el paso no es automático. Lo que logran con mayor eficiencia es reprogramar los votos organizados –clientelas políticas o grupos de interés particulares.

Hemos visto declinar a políticos como Porfirio Muñoz Ledo por Vicente Fox, quien lo nombró embajador ante la Unión Europea. Aún así, Muñoz Ledo obtuvo casi 157 mil votos.

Ese mismo año, en el Distrito Federal, Marcelo Ebrard era abanderado del PRD a la jefatura de gobierno y declinó en favor de López Obrador. Ebrard obtuvo, a pesar de ello, 33 mil votos. AMLO y Ebrard forjaron en esa jugada una alianza de largo plazo; Marcelo fue secretario de seguridad pública y luego —tras su remoción por no actuar mientras linchaban a policías federales en Tláhuac— secretario de Desarrollo Social para ser candidato y sucesor en la jefatura de gobierno.

Hoy, ni Muñoz Ledo ni Fox son activos del PAN; Ebrard y López Obrador son abiertos opositores del PRD. Las lealtades construidas en el 2000 están rotas. Y las declinaciones sólo fueron oportunismo político. Ni una convicción.

Cuando un candidato recibe la declinación de otro transmite que su posición está mejorando al sumar a otros; se coloca (lo busca, al menos) como el que se pone a la cabeza de la carrera y, en deferencia con quien declina, como si fuese gracias a ese acto.

Esta última etapa de las campañas

—quedan solo 12 días— muestra lo peor de nuestra clase política. Surgen encuestas contradictorias que no abonan en nada más que propaganda, se filtra información, se ventilan conversaciones o simplemente se inventan cosas a las que, por el tiempo, no habrá manera de responder.

Todo para lograr que un indeciso acá, un elector volátil allá y quizá hasta un abstencionista clavado de aquel lado cambie de parecer y beneficie a un candidato o partido en la urna.

Vienen los días más intensos pero también los más hostiles. No veremos grandes propuestas ni ideas distintas a las que los candidatos han ofrecido.

Tal vez salga un video revelador, otra declinación o un nuevo chisme sin sustento que haga que otro pierda preferencias, pero los electores no tendremos nuevos elementos para decidir nuestro voto en favor de uno; pero probablemente sí para hacerlo en contra de otro.

luciano.pascoe@gmail.com

Twitter: @lucianopascoe