La noche de Brasil y de Vanderlei

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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En Río de Janeiro

Con paso cansado Vanderlei de Lima subió las escaleras del Maracaná con la antorcha olímpica para encender el pebetero. No hubo quien no se preguntara quién era ese personaje bajo de estatura que acaparó las miradas mágicamente.

No era Pelé, ni Ronaldo, ni ninguna de las leyendas del futbol, deporte que ha creado en el imaginario colectivo lo que aquí llaman la “alegría y el drama del y para el pueblo”.

El futbol, que en los últimos años se ha convertido en algo cercano a una pesadilla para los brasileños, es una identidad que ha enriquecido todos los ámbitos de su vida. El futbol pasa por el juego mismo y por la cultura de este país. Una manera de entender y mirar a Brasil es a través del futbol.

Por todo lo que se sabe, se dice e inventa sobre ello, ver subir a Vanderlei las escaleras rumbo al pebetero resultó una sorpresa altamente agradecible.

En los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Vanderlei compitió por Brasil en el maratón. Su récord lo colocaba como uno de los favoritos; sin embargo, bien se sabe que los imponderables pueden destruir sueños y terminar de tajo con los buenos tiempos y los muchos años de preparación y sacrificios.

Vanderlei corrió ese día como siempre. Cuenta que en Atenas, “pasando la mitad de la carrera me di cuenta que estaba realmente fuerte y me di a la fuga, no me iban alcanzar”. Todos vimos cómo Venderlei se veía feliz, la televisión se encargó de ello, y cómo se dio a la fuga, estaba claro que no lo iban a alcanzar. Su siguiente parada sería el oro y la ceremonia de premiación.

Sin embargo, Vanderlei no contaba que entre quienes lo vitoreaban por las calles de Atenas aparecería un siniestro personaje, el cual lo jaló de la playera con tal fuerza que lo tiró. Vanderlei no entendía lo que estaba pasando, “perdí de vista el estadio, creí que era una pesadilla... lo que quería era zafarme y tratar de alcanzar a los que me habían pasado”.

Por más que el brasileño trató, ya no le alcanzó. A través de las pantallas dentro del estadio la gente se había dado cuenta de lo que había pasado.

Vanderlei luchó como nunca en su vida y logró alcanzar a quien iba en tercer lugar, al final se llevó una medalla que ha sido definida como el bronce de oro.

A este hombre, Brasil le concedió el privilegio de encender el pebetero olímpico. Fue un homenaje que nadie puso entredicho. Pelé, el gran candidato, se hizo a un lado solito de manera lamentable: “tengo que hablar con mis patrocinadores”.

Brasil hizo una gran inauguración, la cual concluyó en un homenaje generoso a uno de sus atletas más generosos: Vanderlei de Lima.

Andrea Varnier, productor y coordinador de la ceremonia, junto con Fernando Meirelles, nos decía el sábado: “a pesar de que se redujeron los presupuestos de manera notoria, al final todo salió como lo imaginé, fue la representación de lo que es Brasil… el reto ahora es la clausura”.

El incidente inevitable de la ceremonia apareció a la hora de los discursos. El presidente fue recibido con gritos de “Fora, (fuera) Temer”, el cual se extendió a las redes con personajes tan emblemáticos como Caetano Veloso.

No había manera de que Temer se fuera “invicto” en la ceremonia, estaba cantado. El presidente interino es parte del gran problema político y de corrupción que abruma y arrolla a Brasil.

La inauguración de los Juegos ha echado a andar indistintamente el desdén y la euforia. Las competencias pueden cambiar los esquemas y las ideas. Ser testigo de triunfos y derrotas, de hazañas y dramas, de alegrías y tristezas, ejes de la condición humana ponen a prueba a los que ven los Olímpicos con desdén.

Lo que le viene a Brasil le vendrá, más bien lleva años en ello y no hay manera de esconderlo o evitarlo.

 RESQUICIOS. Así lo dijeron ayer:

• Hago un llamado a la sociedad para que actúe positivamente ante la adversidad, no nos dejemos abatir. Al final todos somos pueblo: Alfredo Harp.

solorzano52mx@yahoo.com.mx

Twitter: @JavierSolorzano