La torre de Babel

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El estudio de la UNESCO Ante el quebranto de las lenguas indígenas americanas indica que se extingue una lengua cada dos semanas, 26 al año. A ese ritmo, en este siglo se perderá el 50% de las que se hablan en la actualidad, algunas, como el apayeco en Tabasco, por no más de ¡dos personas!

En nuestro país hay 68, con 364 variantes lingüísticas. La UNESCO considera que “la única manera de mejorar la situación de las lenguas en peligro es mejorando el bienestar social de sus hablantes, sus condiciones sanitarias, arraigándolos, otorgándoles plenos derechos políticos, insertándolos decididamente en los sistemas educativos, y fortaleciendo su actitud ante las culturas y sus lenguas”.

La multiplicidad de lenguajes humanos se presenta en el Génesis como la maldición divina con que se castiga la ambición de los hombres de conquistar los cielos construyendo la torre de Babel. En cambio ahora se proclama oficialmente que cada lengua supone una aportación cultural irrepetible, por lo que la desaparición de cualquiera de ellas debe lamentarse como una pérdida arqueológica irreparable. Por eso el Jefe de Gobierno del Distrito Federal puso a estudiar náhuatl a sus burócratas.

Lo cierto es que las personas prefieren cambiar de idioma cuando el que hablan no les resulta ventajoso. El cambio se decide en función de los beneficios que proporciona a los hablantes la lengua predominante en una nación.

“El ideal civilizatorio y universalista –escribió Fernando Savater en su Diccionario filosófico— es sin duda babélico porque fue Babel la primera ciudad que los hombres intentaron construir en común, renunciando a sus tribalismos y divergencias culturales, siempre inesenciales”.

El lenguaje es el instrumento de comunicación por excelencia, y resulta más eficaz en la medida en que es común al mayor número de personas. Lo óptimo sería que todos hablásemos el mismo. La diversidad de lenguajes es inevitable pero no por eso deja de ser inconveniente. Sus desventajas son obvias.

No se apoya en dato alguno de la realidad la creencia de que “la única manera de mejorar la situación de las lenguas en peligro es mejorando el bienestar social de sus hablantes… y fortaleciendo su actitud ante las culturas y sus lenguas”. Más bien, la incorporación de las comunidades a los beneficios educativos, sanitarios, económicos y tecnológicos se facilita

cuando sus integrantes optan por el idioma dominante en el país en el que habitan. No es lo mismo salvar a las especies biológicas en peligro de extinción que preservar las lenguas marginales contra la libre decisión de sus practicantes… y en su perjuicio.

idelabarreda@icesi.org.mx

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