La universidad y una mujer valiente

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Por:
  • larazon

Me conmueve el valor de María Esther Orozco, rectora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, al atreverse a alzar la voz para decir que la institución que dirige no está cumpliendo con su mandato. Hablar en público de los problemas de la institución que uno dirige nunca es fácil.

Hacerlo en México, siendo mujer, habla de convicción y valentía excepcionales.

A casi 10 años de fundada, nos dice la doctora Orozco, y con más de 10,000 alumnos inscritos y activos entre 2001 y 2009, la UACM ha logrado graduar a tan sólo 47 estudiantes. Si eso no es un fraude, no sé bien qué cosa pueda serlo. Es un fraude para los que financian la operación de esa institución y lo es, ante todo y sobre todo, para los alumnos de la UACM.

Ofrecerles una especie de guardería a jóvenes en edad universitaria comporta, hay que decirlo, algunos beneficios. Es mejor, sin duda, que acudan con regularidad a un plantel a que se queden en su casa o que deambulen por las calles buscando en qué ocuparse. Pero, si de eso trata, quizá valdría la pena llamarle a esa institución guardería y no universidad.

Básicamente porque la universidad es otra cosa y dar gato por liebre es, se mire como se mire, un fraude.

Intentar justificar esos resultados diciendo que la misión de la UACM consiste en ofrecer una formación de nuevo tipo a jóvenes que no tienen otras oportunidades es no sólo demagógico, sino también especialmente ofensivo y lesivo para aquellos a quienes esa institución dice deberse: sus alumnos. Lo es así especialmente porque son justamente los estudiantes provenientes de hogares en desventaja los que más pueden beneficiarse de la educación que una universidad digna de tal nombre puede ofrecerles. A los jóvenes de familias con más recursos y posibilidades la universidad les da muchas cosas, pero no suele cambiarles la vida. En cambio, para los jóvenes que tienen menos activos heredados y menos opciones el esfuerzo asociado a obtener un título universitario en una institución de educación superior que se tome en serio su misión más básica constituye una palanca fundamental para liberarse de su origen como único destino posible.

Por todo esto me conmueve María Esther Orozco, quien, en lugar de quedarse callada, levanta la voz para defender la universidad con mayúsculas, la universidad deseable y la que, responsablemente, tendríamos que hacer posible porque es necesaria y porque es posible.

Claro que se puede. Ahí está el Poli en el mundo de la universidad pública, por citar tan sólo un ejemplo, mostrando con hechos que es posible ofrecer educación de alta calidad a estudiantes de escasos recursos y, con ello, darles las herramientas para que cambien su destino y, de pasadita, el mundo. El Poli formando jóvenes que luego construyen puentes, presas, carreteras y robots para todos y que, con el dinero de todos, hace también investigación de frontera que nos ensancha a todos el horizonte de lo que vemos y lo que podemos.

Le agradezco a María Esther Orozco el atrevimiento de hablar en voz alta de los problemas de la universidad que dirige. Tener el valor de enfrentar la realidad y hacerla pública a pesar de los riesgos que ello conlleva me parece el mejor tributo posible al espíritu universitario.