La urnita de sorpresas

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Mónica Garza

Estamos a unos días del final de lo que fue un carnaval electoral en el que se mezclaron colores, dolores, historias y un cinismo inédito.

Si pensábamos que en México ya lo habíamos visto todo, el proceso electoral intermedio 2014-2015 nos cayó la boca a todos.

Vimos aparecer folclóricos e improvisados aspirantes a cargos de elección popular como payasos, actores, y futbolistas que se estrenaron en el quehacer político desde el trampolín de la desesperación de un partido por ganar popularidad.

Vimos nacer al Partido Encuentro Social con el actor Héctor Suárez como vocero, cuya figura recuerda sobre todo aquellos posibles votantes nacidos de 1980 para atrás. Estrategia no muy visionaria en un país de jóvenes como el nuestro.

Vimos al también nuevo Partido Humanista, perseguir sin descanso a sus candidatos —los que les quedaron— para que hicieran campaña, porque a algunos se les olvidó.

Como un hecho inédito vimos a la clase política fotografiarse con sus botecitos de “pipí” en la mano para sus pruebas antidoping, que anunciaron con bombo y platillo.

Vimos al Partido Verde Ecologista retar a la ley electoral con sus acciones, como si sus recursos legales y financieros fueran ilimitados.

Y como si fuera chiste lo vimos sumar 500 millones de pesos en multas impuestas por el INE.

Vimos la tradicional compra-venta de votos de todos los colores, anunciada, denunciada y exhibida, pero poco castigada.

Novedosos videoescándalos y audioescándalos exhibieron el cinismo de sus protagonistas, que se apuraron a denunciar la ilegalidad del espionaje telefónico, sin detenerse a explicar sus delitos expuestos, ante una ley que parecía estar jugando el juego de “los congelados”.

El más sorpresivo ejemplo fue el que dejó para la historia el presidente del INE, Lorenzo Córdova, cuando quedó al descubierto en una llamada telefónica su acto grosero e injustificable de discriminación contra un grupo indígena, y que inexplicablemente no le costó el puesto.

Vimos a la dirigencia de un PAN re- “unida” que se tomaba de las manos en los actos de campaña, aguantándose el sabor amargo.

Vimos al PRI de siempre. Nuevos candidatos, viejos operadores, mismas prácticas.

Vimos a un Partido de la Revolución Democrática desmembrarse, con más de 40 renuncias, varias de ellas de sus militantes más emblemáticos, como su líder moral el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas.

El senador Alejandro Encinas renunció luego de los hechos ocurridos en Iguala, seguido del propio gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, que se fue —dijo— para deslindar al perredismo de cualquier responsabilidad en su actuación como gobernador del estado. Aunque el regadero de porquería ya era inmedible.

De chapulines aquí podríamos hacer una taquiza. Fueron tantos y con saltos tan inverosímiles, que para no aburrirlos me limito a mencionar al que sin duda destacó por encima de los demás por su experiencia y su fracaso: Marcelo Ebrard.

La otra cara de la moneda de la izquierda la puso el líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, quien con mucho entusiasmo y un discurso casi de líder espiritual, ocupó todos los espacios de los candidatos de su partido a nivel nacional, para arrancar con tres años de antelación su campaña a la presidencia del 2018, sin consecuencias legales.

Entre los candidatos independientes vimos nacer en Nuevo León a Jaime Rodríguez, El Bronco, un expriista que se lanzó por la gubernatura de su estado, con un carácter y un arrastre poderosísimo, tomando por sorpresa a los más experimentados operadores electorales, que por cierto, en días recientes han visto con terror sus números en las encuestas, temiendo un desenlace dramáticamente inesperado para ellos.

Lo bueno es que estas elecciones nos dieron mucho para entretenernos. Lo malo es que no estábamos ante un asunto de “entretenimiento”, sino de opciones para poder hacer gobierno, no para improvisar un gobierno.

Qué peligroso puede resultar no identificar en la comedia de nuestra cultura política esa tragedia que ya le ha quitado al país tantas oportunidades y buen sustento.

Pero dicen que en elecciones la sorpresa es lo último que muere. Ya veremos si el 7 de junio nos tiene reservada una buena. Nos vemos en las urnas.

monica.garza@razon.mx

Twitter: @monicagarzag