La vida de los otros

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Por:
  • antoniof-columnista

La información es poder, frase atribuida a Francis Bacón, en muchos casos ha sido llevada al extremo por los gobiernos, y seguramente tiene mucha razón la frase; el problema es cómo te allegas de esa información. A lo largo de la historia, los gobiernos han desarrollado agencias de espionaje, cuyo principal objeto es obtener información útil para la toma de decisiones, y en la actualidad nos enteramos que también existen poderosos programas de cómputo para espiar a las personas, introduciéndose principalmente a sus teléfonos móviles y computadoras. Esto me recuerda a la gran película alemana llamada “La Vida de los Otros”, en donde el gobierno de la extinta RDA de los años ochenta, a través de la policía secreta, espía a todas las personas que considera políticamente activas, intelectuales, artistas, en general, a los críticos del régimen, a través de escuchas con micrófonos instalados previamente en sus hogares, llegando al extremo de escuchar su vida conyugal.

Todos los regímenes tienen la tentación de controlar y allegarse de información, pero sólo algunos de ellos, principalmente los autoritarios, se atreven a hacerlo. En nuestro país ha habido intentos de controlar la información mediante la implementación de diversas disposiciones jurídicas, pero afortunadamente no han prosperado dichas propuestas legislativas; no obstante, nos enteramos que diversos gobiernos estatales y dependencias gubernamentales han adquirido un programa espía llamado Pegasus, y con ello pueden espiar a diversos personajes de la vida pública, violando todos los derechos de las comunicaciones privadas, las cuales están protegidas por el Artículo diciséis Constitucional, que expresamente dice: “Las comunicaciones privadas son inviolables. La ley sancionará penalmente cualquier acto que atente contra la libertad y privacia de las mismas…”.

Los gobiernos, al igual que las personas que quieren controlar todo, son aquellos que sufren de inseguridad, que tienen miedo de perder su poder, sufren de paranoia y ello los lleva a no detenerse ante nada para obtener lo que quieren saber, por lo que sería interesante saber quién y para qué querían espiar.

La información es poder, pero del otro lado de la moneda también es peligro. La información obtenida por espionaje puede ser utilizada por los gobiernos, pero ante tanta corrupción no sabemos si también la pueden obtener los grupos del crimen organizado, grandes empresas, partidos políticos, todo interesado en obtener un poco más de información para mejorar su posición en su ámbito de desarrollo. Por todo esto, es muy mala señal que quien debe de respetar la ley y cuidar su cumplimiento no lo haga, esto da motivo a que otras instancias también lo hagan, puesto que no hay castigo para ello. Por todo lo anterior considero que en la investigación del caso Pegasus no se puede ser juez y parte, si se quiere llegar al fondo del asunto deberá de nombrarse un fiscal especial, de lo contrario será un caso más sin resolver.

Antonio Fernández Fernández

Profesor en la Unidad de Posgrado de la Facultad de Derecho de la UNAM