La violencia tiene cara de mujer

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • bibiana_belsasso

Hace unos años sin duda México era más machista que hoy. La violencia contra las mujeres era una realidad tan presente como la actual y probablemente más cotidiana aún. La discriminación era más evidente en todos lo ámbitos. Pero ahora, precisamente porque vivimos en una sociedad más abierta, la información, la transparencia de esa violencia la hace mucho más presente.

Según los datos que dio a conocer el Inegi este fin de semana, dos de cada tres mujeres han sufrido algún tipo de violencia, una de cada diez ha sufrido alguna agresión sexual siendo joven o niña. Son datos brutales pero son la punta del iceberg. En la época de violencia que vivimos, la mujer se ha convertido en una víctima preferida de los violentos.

En ellas se vengan narcos y criminales, en ellas se ejecutan los ajustes de cuentas más brutales. Si hace unos años, como decíamos, había mayor discriminación, también había reglas, códigos, que se aceptaban hasta en el propio mundo criminal: no se atacaba a la familia, a las esposas, amantes, hijas en particular.

El grado de enfrentamiento que vivimos entre cárteles tuvo un origen oscuro pero relacionado con la ruptura de esas reglas: la esposa de El Güero Palma fue seducida por un narcotraficante rival, por ello junto con sus hijos lo abandonó y semanas después le fue enviada la cabeza de la mujer en una hielera y un video mostrando a los niños cuando eran arrojados desde un puente cercano a las cataratas Salto Ángel en Venezuela. Ese crimen, esa brutal ruptura de las reglas, fue la que detonó el enfrentamiento entre los Arellano Félix y el grupo (todavía no era un cártel porque dependían entonces de la organización de Amado Carillo) de El Güero Palma y El Chapo Guzmán.

Mucha agua ha corrido bajo el puente de la violencia desde aquellos años, a principios de los años 90, pero la violencia contra la mujer no ha hecho más que incrementarse, al mismo tiempo que aumenta nuestra presencia e importancia política, social y cultural.

En el mundo de la educación hoy más de la mitad de los universitarios del país son mujeres, pero no sólo eso: terminan sus carreras antes y con mejores promedios. Si el mundo del futuro es el de la formación y la educación, a la vuelta de pocos años las mujeres estaremos mejor educadas y con mejores perspectivas laborales que los hombres.

Hoy, el 29 por ciento de los hogares de México son sostenidos por una mujer: de ellas dependen por completo un tercio de los hogares del país. Y deben mantenerlos asumiendo la discriminación, los menores salarios, la doble jornada que implica trabajar, en ocasiones estudiar y educar a los hijos (y hacerse cargo, en muchas ocasiones también de sus propios padres).

Pero con todo el esfuerzo y sacrificio que ello implica, la realidad es que ello genera cada vez mayor autonomía e independencia en las mujeres.

Cada día el rol de esposa dependiente de un marido se desdibuja y se configura otro rostro en la sociedad. Si hace unos años ser madre soltera o divorciada era un estigma social, hoy, sin dejar de serlo del todo para ciertos sectores e individuos, es una realidad que no puede ser ignorada y que es parte de nuestra vida cotidiana.

Quizá también por todo eso, la violencia contra las mujeres continúa y sigue entre nosotros. Erradicarla será tarea de autoridades, organizaciones civiles, de los medios y del esfuerzo cotidiano. Pero sobre todo debe ser una agenda que siempre esté acompañada de medidas efectivas.

En lo político, aunque las cuotas no solucionan el problema, sirven, por lo pronto, para equilibrar el panorama. En lo laboral, insistir en que para un mismo trabajo debe haber un mismo salario es clave. En lo social, poner de manifiesto y hacer valer el peso de las mujeres en las familias es decisivo.

Pero sobre todo, para acabar con la violencia cotidiana la clave está en la denuncia y en el castigo de los violentos. Todo lo demás deberá acompañarlo.

bibibelsasso@hotmail.com

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