Las cuentas claras

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La preocupación por el crimen organizado es global. En cada lugar la obsesión tiene sus matices: en España son las mafias rumanas como en Estados Unidos son los narcos mexicanos y en Francia las pandillas de inmigrantes africanos, pero en todas partes el fenómeno es igualmente confuso. Los diagnósticos –hay muchos— son siempre sombríos y las cifras que se manejan, alarmantes. Extrañas también.

Hace un par de semanas se publicó en Estados Unidos la nueva Estrategia Antinarcóticos para la frontera suroeste . Llama mucho la atención el capítulo que se refiere al dinero. Dice el documento que las organizaciones criminales de México y Colombia “anualmente generan, mueven y lavan entre 18 y 39 mil millones de dólares producto de la venta de droga al mayoreo”; dice también que el “estricto cumplimiento” de la legislación por parte de los bancos estadounidenses “disuade a los traficantes drogas de colocar sus ganancias ilegales en el sistema financiero de Estados Unidos”, de modo que tienen que expatriarlas físicamente, en billetes.

Conviene leer otra vez, más despacio. Para empezar, los números son muy raros. Para una estimación de esa naturaleza, lo lógico sería poner números redondos y decir que la ganancia podría estar entre 20 y 40 mil millones de dólares. Pero eso haría demasiado obvio el hecho de que es sólo una aproximación muy vaga. El 18 y el 39 suenan mucho más exactos, como si alguien en efecto hubiese hecho la cuenta. Por otra parte, el rango es enorme. Obliga a preguntarse de dónde salen las cifras. Bien: hay una estimación del volumen de droga que ingresa a Estados Unidos hecha a partir del volumen de droga incautada, una estimación del precio de la droga al mayoreo hecha a partir del precio al menudeo, y unas cuantas multiplicaciones. Es decir, es una conjetura muy endeble.

Es todavía más curiosa la afirmación de que no usan el sistema financiero estadounidense. Empresarios que pueden producir droga en Colombia y enviarla al otro lado del mundo, negociarla en Ámsterdam y en Marsella y Nueva York, resulta que no tienen imaginación o capacidad para sortear los controles de la banca estadounidense. Suena muy raro. Sabemos que esos controles no disuaden a los ejecutivos de las grandes empresas que quieren desviar recursos y tenemos que suponer que tampoco disuaden a las organizaciones criminales estadounidenses que tienen su dinero en el banco, como cualquiera: ¿por qué habría de disuadir precisamente a los narcotraficantes mexicanos o colombianos? El “diagnóstico” sólo se tiene en pie si suponemos que en Estados Unidos no hay ganancias ilícitas ni crimen organizado, que su sistema financiero es transparente y eficaz para impedir cualquier transacción dudosa. Y no parece. O hay que leer el documento de otra manera, porque tiene otros propósitos.

fdm