Jueves 26.11.2020 - 15:13

Lenin, constitucionalista

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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La historia oficial comunista gusta de presentar a un Lenin aferrado dogmáticamente a su posición, contra Kámenev, a partir de las “tesis de abril” de ese año, haciendo de aquella polémica una enésima versión de la pugna entre radicales y moderados.

Se cumplen por estos días cien años del colapso del gobierno provisional ruso, creado tras la llamada Revolución de Febrero, y su desplazamiento por los soviets de obreros, campesinos y soldados que pacientemente fue construyendo el partido bolchevique desde abajo. La reciente edición, en la editorial Siglo XXI, de los escritos de Lenin de 1917, titulada Entre dos revoluciones, ayuda a comprender la inteligente estrategia de los bolcheviques, encaminada a revolucionar aquella revolución o, lo que es lo mismo, a rebasarla por la izquierda.

A su juicio, la pregunta de si aquella revolución democrática había concluido o no, era errónea por abstracta. Lo fundamental era saber hasta qué punto dicha revolución podía avanzar más, en términos de libertades públicas, aprovechables por los bolcheviques,

o estancarse

Desde su exilio en Zurich, Lenin observó con reservas una creciente tendencia, encabezada por el judío moscovita Lev Kámenev, a transformar el partido bolchevique en una fuerza política legal, gracias a la extensión de derechos políticos concedida por los gobiernos de Lvov y Kerenski. La historia oficial comunista gusta de presentar a un Lenin aferrado dogmáticamente a su posición, contra Kámenev, a partir de las “tesis de abril” de ese año, haciendo de aquella polémica una enésima versión de la pugna entre radicales y moderados. La relectura de los textos leninistas del 17 arroja que la perspectiva de Lenin era mucho más flexible de lo que esa historia sostiene.

[caption id="attachment_486334" align="alignleft" width="300"] Lenin, al llegar a la estación Finlandia, en Petrogrado, en abril de 1917.[/caption]

Kámenev interpretó de los escritos de Lenin, entre febrero y abril, que la tesis del líder bolchevique era que “la revolución democrático-burguesa había terminado”. Luego de su legendario regreso a la estación de Finlandia en Petrogrado, Lenin esclareció que no era eso, exactamente, lo que él sostenía. A su juicio, la pregunta de si aquella revolución democrática había concluido o no, era errónea por abstracta. Lo fundamental era saber hasta qué punto dicha revolución podía avanzar más, en términos de libertades públicas, aprovechables por los bolcheviques, o estancarse. Cualquiera de las dos opciones era válida, siempre y cuando sirviera para producir la toma del poder por los soviets.

Prueba de que Lenin no renunciaba a seguir presionando al gobierno para que ampliara derechos civiles y políticos es su insistencia en la necesidad de convocar una Asamblea Constituyente, que diera a Rusia una legislación moderna. Todavía a fines de julio, cuando escribe el artículo “Acerca de las ilusiones constitucionalistas”, luego del fracaso de las manifestaciones bolcheviques de principios de mes, reitera la demanda, aunque no sin ironía: “podría parecer a simple vista que en la Rusia de hoy, en julio de 1917, cuando no se ha redactado todavía ninguna Constitución, no puede hablarse siquiera del surgimiento de ilusiones constitucionalistas. Pero eso sería un craso error”.

Luego de lo que él mismo llama “derrota de los bolcheviques” en julio y del golpe de Kornilov en agosto, que abrió la puerta al “bonapartismo”, Lenin mantiene su fe en que los soviets deben tomar el poder, aunque duda sobre cuál es la mejor vía

Luego de lo que él mismo llama “derrota de los bolcheviques” en julio y del golpe de Kornilov en agosto, que abrió la puerta al “bonapartismo”, Lenin mantiene su fe en que los soviets deben tomar el poder, aunque duda sobre cuál es la mejor vía. La imagen de un Lenin tercamente adscrito a la ruta insurreccional, es una construcción ideológica. Lenin duda porque las propias consultas y ejercicios electorales internos de los bolcheviques arrojaban que una porción considerable de los soviets, todavía a principios de octubre, estaba por la coalición con los demócratas del menchevique georgiano, Irakli Tsereteli, en la Duma del Estado.

En la última “curia” realizada por los bolcheviques en sus bases, antes de la insurrección de octubre, 185 de sus representantes, sobre todo campesinos, estaban por la “coalición”, y 262 en contra, mayoritariamente obreros y soldados. Por supuesto que Lenin pensó siempre la Asamblea Constituyente y la nueva Constitución rusa como medios para la realización del fin de los bolcheviques: la revolución socialista. Pero en aquella racionalización de los medios había un evidente discernimiento de las ventajas de un régimen democrático sobre otro autoritario.