Leonora Carrington: Locura o Genialidad

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Por:

Dra. Yolanda Pica

1942: Una hermosa joven (25 años) está a punto de salir desde Lisboa en un barco a Sudáfrica (colonia inglesa) para ser recluida por segunda vez en un hospital psiquiátrico por sus padres. Ella ha recobrado la cordura y hábilmente escapa para refugiarse en la embajada de México en Portugal, ya que conocía a Renato Leduc, quien era cónsul. Ella explica que es perseguida y le abren las puertas de la embajada: “goza de inmunidad diplomática”, así es como es recibida por nuestro país la artista plástica inglesa Leonora Carrington, máxima exponente del surrealismo.

La segunda hija y única mujer de una poderosa familia inglesa se rebeló a su historia desde que tuvo uso de razón.

Era una soñante excepcional, creía en sus sueños y los mezclaba con la realidad. Aseguraba ser un caballo y su mundo infantil estaba lleno de fantasía basada en el origen irlandés de su madre y de su nana, que llenaron su mente de cuentos gaélicos y seres mágicos. Es rara y lo sabe. Descubren que puede usar los dos hemisferios del cerebro y dibujar cosas distintas con cada mano.

Sus padres, asustados ante Leonora, la internan en un colegio de religiosas. Su inteligencia brilla y a los 8 años domina el inglés y el francés, toca el piano, y cuando las religiosas la quieren encausar en la música, la surrealista que vive en su interior salta y consigue una sierra de la que saca sonidos lamentables. “Es mi violín”, dice. La acusan de poseída y la expulsan; la historia se repite en dos colegios religiosos más.

Su padre pasa el tiempo corrigiéndola hasta que ella le teme y quiere huir. Su adolescencia reafirma su impecable voluntad de ser ella misma, quiere ser artista.

Con dudas es apoyada y estudia en Chelsea School of Art (Londres), y en Amedee Ozenfant (París) conoce a Max Ernst. Viven un destructivo romance (ella de 20 y él de 47 y casado) que termina dramáticamente con él atrapado por los nazis por considerarlo enemigo, y ella con un brote de locura grave: paranoia y agresividad.

Sus padres con su poder la internan en un hospital psiquiátrico (Santander) y es sometida a 3 terapias de choque con Cardiazol, tratamiento que produce convulsiones y sufre maltrato que deja huellas indelebles en su historia emocional.

Migra a México casada con Leduc para divorciarse al año y casarse con el fotógrafo húngaro Emérico Weisz, procrea dos hijos y se convierte en una madre excepcional. En el exilio mexicano encuentra la libertad y logra su madurez como artista. Premiada y reconocida mundialmente tuvimos el privilegio de vivirla hasta los 92 años. Su descripción de ella es: “una persona como cualquiera que ha descubierto en la vida simplemente lo que ha podido”.