Leopoldo López: casa por cárcel

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Para nadie es noticia que en las cárceles sea en donde se vulneren más violentamente los derechos humanos. Pasa en Venezuela, en México o en Estados Unidos. Los espacios de reclusión, lo sabemos todos, son el lugar ideal para olvidar la dignidad y abrir camino a la barbarie.

Infortunadamente, cada vez que se cierran las rejas de una celda se abren los caminos de la tortura, la degradación, la humillación. Y esto suele ser peor cuando se trata de presos políticos. Los dictadores que se atreven a realizar semejante bajeza olvidan que la libertad no es un privilegio, sino un derecho con el que se nace.

El sábado amanecimos con la noticia de la liberación de Leopoldo López e inmediatamente se lanzaron las campanas al vuelo. Y aunque, sin duda, es una buena noticia, puede no significar lo que muchos anuncian. Leopoldo permanece en prisión domiciliaria, no conocemos su estado de salud y el Presidente le ha exigido declaraciones alrededor de la unidad venezolana.

Nicolás Maduro encarceló a los opositores más visibles a su gobierno: el exalcalde Enzo Scarano; el comisario Salvatore Luchesse; el dirigente de Voluntad Popular, Leopoldo López, y el exalcalde Daniel Ceballos; tras la liberación de Leopoldo, hoy todos se encuentran fuera de la cárcel de Ramo Verde. Y Maduro, por más que nos pese, sigue siendo el Presidente de Venezuela.

Maduro está entrampado en el delirio del poder: si los ciudadanos no cumplen sus caprichos es porque lo odian, porque son traidores a la patria o porque –convenientemente– planean un golpe de Estado. El pequeño dictador no sabe que el enemigo está frente al espejo y en los supuestos “aliados” que le han permitido este descarrilamiento histórico. Entre ellos destaca el general Néstor Reverol, el operador —asesino, diríamos algunos— que se ha encargado de controlar las protestas; quien, además, es investigado en Estados Unidos por dar protección a narcotraficantes.

Así, esta caricatura de gobierno ha desatendido las recomendaciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y de la OEA. Al hacerlo, reta a sus ciudadanos y a la región entera; Maduro, con sus actos, nos ha dicho a gritos que no le importan ni la Constitución ni el posible Constituyente; ni los 94 muertos de los últimos días; ni los tratados internacionales, ni nada: ¡con Constitución o sin ella, dentro de las leyes o fuera de ellas, Maduro sigue siendo el rey!

Pero hasta al más indecente de los gobiernos le da vergüenza asumir descaradamente que abusa del poder y que persigue a los ciudadanos. ¿Por qué? Porque, simple y llanamente, está mal hacerlo; sólo los psicópatas se vanaglorian de sus fechorías y sólo los estúpidos asumen la eternidad de su entronación.

¿Qué se puede esperar después de la liberación de Leopoldo?: El desmantelamiento rápido y violento de un chavismo desahuciado.

* Profesora Investigadora de la Universidad Anáhuac.

vlopezvela@gmail.com

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