Lo humano del combate a la pobreza

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Por:

Salvador del Río

Los datos son impresionantes: dos millones 300 mil trabajadores del campo recorren el país como jornaleros. En su trashumancia llevan a sus mujeres y a sus hijos, que en total suman una población de más de nueve millones de personas.

Son los braceros internos, sin residencia fija, sin prestaciones sociales y por su condición, al margen de varios de los programas de asistencia social. Son los pobres de los pobres a los que, no sin dificultades, el gobierno se ha propuesto proporcionar los satisfactores elementales para una vida digna: salud, educación, seguridad, alimentación y un ingreso que les permita cubrir sus necesidades.

Su peregrinar, según las temporadas de siembra y cosecha en las zonas agrícolas del país, especialmente del centro y el norte, podría compararse, por su continua movilidad, con el de los trabajadores mexicanos que emigran a los Estados Unidos y Canadá en busca de un ingreso temporal; con una diferencia fundamental: mientras que en la Unión Americana perciben un pago de once dólares la hora en promedio, en México el salario no pasa de dos o tres salarios mínimos al mes, y las condiciones en las que realizan su trabajo son muy inferiores.

La noche del pasado domingo, el secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade Kuribreña, cenó y pernoctó en un albergue del municipio de Yurécuaro, Michoacán. La estancia del secretario entre los jornaleros y sus familias va más allá del gesto para significar la atención que el gobierno presta a la situación de los jornaleros. En ese centro, en 2014, se había registrado la muerte accidental de una menor, hecho que provocó una serie de recomendaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos para mejorar las condiciones en la que viven los jornaleros y sus familias mientras realizan su trabajo en el campo para luego emigrar a otros centros.

El secretario Meade dialogó con los jornaleros y sus familias, y al día siguiente realizó un recorrido por las instalaciones de los programas sociales de Michoacán, donde observó los avances que en el combate a la pobreza se han alcanzado, pero fundamentalmente las carencias que ahí se tienen. Hace falta, se informó durante la gira del funcionario, precisar las responsabilidades de los encargados de los albergues —118 en todo el país— no sólo en lo que se refiere a la estadía de los trabajadores y sus familias, sino a las condiciones materiales. Para mejorar el funcionamiento de la operación de esos albergues, el año próximo se invertirán más de trescientos millones de pesos, anunció el secretario Meade.

El secretario Meade supervisó también los programas que acompañan la atención a los jornaleros. Becas educativas, ayuda económica para los trabajadores y programas de asistencia en materia de salud y seguridad social.

Programas como el combate a la pobreza, que incluyen a los más de dos millones de jornaleros que se desplazan en el país, requieren mucho más que la asistencia material a la población necesitada. Conocimiento y profundización del problema en toda su magnitud, comprensión y sensibilidad, no sólo política, sino eminentemente humana, son condiciones indispensables en quienes tienen bajo su responsabilidad llevar adelante esa cruzada emprendida por la actual administración.

La ayuda que se presta a la población víctima de la marginación y la pobreza no se detiene en el asistencialismo. La condolencia significa también cercanía y solidaridad, con la convicción de que una vida digna para todos los mexicanos hará del nuestro un país más fuerte y preparado

para alcanzar el desarrollo.

srio28@prodigy.net.mx