Lo que hace a Lula diferente

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El sincero apego a su Constitución, permite a Lula

desempeñarse con independencia en la pugna entre los vértices que disputan el futuro de América Latina –“democracia representativa” y “socialismo del siglo XXI”— sin depender de si Obama lo ayuda a conseguir lo que él quiere al dejar la presidencia de Brasil: desarrollar proyectos en África.

Donde Obama lo ve es al frente del Banco Mundial, pues busca otorgarle a ese organismo un carácter más social, menos economicista y financiero, para lo cual Lula es buen candidato, por ser un popular político de izquierdas y tener un atractivo pasado proletario: fue tornero y líder sindical.

De acuerdo con Ilimar Franco, un columnista político del diario O Globo que es muy cercano a Lula, éste ya le dijo “no” al hombre más poderoso del mundo, aunque de una manera campechana: “¿Es que usted me imagina a mí convertido en un banquero y viviendo en Washington? “

En cambio, durante la pasada cumbre del G-8 en L’Aquila, sí le pidió a Obama que, tras acabar su mandato el 1 de enero de 2011, lo ayude a impulsar proyectos socioeconómicos en África, sobre todo agrícolas, para luchar en contra del hambre que azota a ese continente.

Puede ser que África le interese de manera sincera, pero en verdad lo que Lula desea es volver a ser presidente de Brasil, algo que podría conseguir si forzara una enmienda constitucional que le permita presentarse a las elecciones de 2010.

Pero ya descartó esa posibilidad, aun cuando tiene una aceptación del 83 por ciento. Pero, a sus 64 años muy bien conservados, ha optado por dejar pasar un periodo y presentarse otra vez a las elecciones en 2014.

Es eso lo que lo diferencia de los gobernantes de izquierda en la región que impulsan el socialismo del siglo XXI, como Chávez, Correa, Evo Morales y Ortega: él también quiere el poder, pero sin acomodar las leyes al antojo de un régimen sin relevos de mando.

Sin convocar asambleas constituyentes ni coaccionar el voto, Lula ganó dos veces la presidencia y convirtió a Brasil en el país que más rápido redujo la desigualdad, según el método que mide ese rango en el mundo (Índice Geni) al caer de 0,563 puntos en 2002 hasta 0,528 puntos en 2009.

Incluso, el porcentaje de brasileños con trabajo formal pasó del 33,1 por ciento en 2005 al 35,3 por ciento este año. Además, el país se ha reafirmado como la potencia política y económica de la región.

Sin embargo, Lula, líder de esos logros, prefiere seguir el orden constitucional y buscar de nuevo la presidencia cuando se lo permita la ley.

Eso es ser un demócrata. Así de simple.

ruben.cortes@3.80.3.65

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