Los cacicazgos en Guerrero: hoy, igual que en 1821

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Por:

Bibiana Belsasso

Esta semana, en mis maravillosas charlas de historia con la maestra Isabel Revuelta, platicamos sobre la época de la colonia en el estado de Guerrero, y cómo desde entonces los cacicazgos han estado presentes en esa entidad.

Luisa Paré, investigadora social y ecologista de la UNAM, afirma que “el cacicazgo puede ser definido como un fenómeno de mediación política caracterizado por el ejercicio informal y personal del poder para proteger intereses económicos individuales o de una facción”.

La figura del cacique, explica, no es exclusiva de Guerrero, pero se ha asentado ahí como en pocas partes.

Desde la colonia, decíamos, Guerrero ha sido gobernado por éstos y ese hecho es precisamente el que ha obstaculizado su desarrollo, pues han privilegiado los intereses de grupo ante los de la población.

Datos socioeconómicos lo demuestran: de acuerdo con el Inegi, el 67 por ciento vive en pobreza extrema, cifra que se ubica por arriba de las reportadas por Chiapas y Oaxaca. La situación es dramática.

Hoy en día incluso vemos movimientos durísimos promovidos en parte por caciques de la zona: grupos que piden, por ejemplo, que no haya elecciones.

En 1821, tras la consumación de la independencia, Juan Álvarez se convirtió en amo y señor de la región del sur. Era un cacique liberal que hizo de esta forma de ejercer el poder una religión.

Durante décadas sus dominios se mantuvieron al margen de la política nacional y se comportó inconmovible ante conflictos como la guerra contra Estados Unidos.

Su poder regional era tan importante que en 1849 logró impulsar la creación del estado de Guerrero y de manera natural fue nombrado primer gobernador.

El caciquismo en la entidad ciertamente se ha visto modificado por la penetración de los partidos políticos. Este hecho originó un cambio de funcionalidad de aquél respecto a las comunidades.

Si antes los caciques eran intermediarios o mediadores políticos, con el tiempo se volvieron representantes directos de los partidos políticos, sean de izquierda, centro o derecha. Esto lo consiguieron gracias a la conformación de grupos de poder que dirigen de manera directa o indirecta, logrando así controlar el partido al que pertenecen.

Durante la época revolucionaria, cuando los caudillos surianos triunfaron ante el poder del general Porfirio Díaz, de estos caudillos surgieron caciques como los Figueroa, que a lo largo de los años han perdurado en el poder.

El 16 de mayo de 1911, en una junta de jefes revolucionarios, se nombró a Francisco Figueroa Mata como primer gobernador revolucionario. A su vez, éste designó a su hermano Ambrosio como inspector de los cuerpos rurales del estado.

Pasaron los años, pero los caciques de la zona siguieron siendo los mismos personajes, sus descendientes o sus amigos.

En la actualidad el ex mandatario Ángel Heladio Aguirre es un hombre cercanísimo al ex gobernador Figueroa Alcocer y ambos han buscado mantenerse en el poder.

El hasta la semana pasada gobernador con licencia pensaba reinstalarse como Ejecutivo estatal después incluso de los lamentables hechos de Iguala, en cuya investigación su desempeño fue deplorable.

El próximo 7 de julio nuevamente habrá elecciones en Guerrero, a pesar de que muchos grupos manejados por caciques de la zona intentan impedirlas.

El perredista Armando Ríos Piter pretendía competir en éstas como candidato a la gubernatura, pero declinó participar. Él mismo ha declarado que para poder hacerlo tenía que pactar con el ex gobernador Aguirre y que no estaba dispuesto a hacerlo.

Como dice la investigadora Luisa Paré: “La finalidad que tienen los caciques es la construcción de una clientela que le garantice apoyos a los dirigentes.”

Sin embargo, estos apoyos difícilmente llegan a la gente.

Los mismos movimientos sociales, mediante los cuales sus líderes sólo buscan ganar clientela para que vote por ellos a costa de lo que sea, siguen operando en Guerrero desde 1821.

Si no se logra romper esa visión caciquil de la política, el estado seguirá siendo uno de los más corruptos y pobres del país, en el cual la gente se mantendrá como hasta ahora, al margen de la oportunidad de salir de la pobreza y del entorno de violencia extrema a la que muchos están condenados a vivir.

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