Los migrantes son personas, no votos

Los migrantes son personas, no votos
Por:

Las caravanas de migrantes, sobre todo de Honduras, que atraviesan Guatemala y México, con destino a la frontera de Estados Unidos, están siendo abiertamente utilizadas por el presidente Donald Trump, para crear una situación de amenaza externa que aumente el rendimiento electoral de los republicanos, en la próxima contienda legislativa. Es tan obscena la manipulación, que hasta The Wall Street Journal, un periódico conservador, ha tenido que reconocerlo en su página principal de ayer viernes, 19 de octubre.

A pesar de que la política de separación familiar de los migrantes, emprendida por la actual administración, ha desatado una ola de protestas y demandas judiciales en Estados Unidos, la contención fronteriza y los arrestos abusivos de indocumentados siguen siendo muy populares entre las bases republicanas. Una reciente encuesta de Quinnipiac University señalaba que si bien el 66% de los estadounidenses rechazaba la división de las familias y el maltrato a los migrantes, entre 35% y 55% de los republicanos estaban a favor de la línea dura.

 

"A pesar de que la política de separación familiar de los migrantes, emprendida por la actual administración, desató una ola de protestas y demandas judiciales en Estados Unidos, la contención fronteriza y los arrestos abusivos de indocumentados siguen siendo muy populares entre las bases republicanas"

 

El dato debe haber sido revelador para el gabinete de Trump, ya que apunta a una creciente mayoría, en la militancia territorial de su partido, defensora de una estrategia agresiva en materia de seguridad fronteriza. El llamado a enviar al ejército a detener abruptamente la entrada de las caravanas de migrantes centroamericanos ha provocado, según The Wall Street Journal, una verdadera euforia en las bases republicanas, donde voluntarios dicen estar dispuestos a alistarse como si se tratara de una nueva guerra de 1847 o 1898.

El jingoísmo regresa por sus fueros, en estos días, en el lenguaje público de la derecha norteamericana. La idea de que el país está amenazado por contingentes de bárbaros del sur, que vienen a arrebatarle el trabajo y la paz a los estadounidenses, vuelve a manejarse, cada vez con más desinhibición. El racismo ocupa, de nuevo, como en la campaña presidencial de 2016, el centro de la retórica trumpista y los demócratas, presentados como artífices y cómplices de una política de puertas abiertas, no parecen reaccionar con eficacia a la embestida de la derecha.

Una vez que el eje de la contienda electoral se localiza en la competencia por ver quién es más patriota, si los republicanos con su militarización de la frontera o los demócratas con su enfoque de derechos humanos, una sólida mayoría tiende a simpatizar con los primeros. Dentro del campo liberal, tanto en los medios de comunicación como en la clase política, esa desventaja lleva a algunos a reiterar la demanda de mayor seguridad fronteriza, con lo cual contribuyen a intensificar la resonancia electoral del tema, que es, justamente, lo que busca Trump.

Esta vez, el presidente ha tenido especial cuidado en distinguir el flujo migratorio de Centroamérica, o específicamente de Honduras, del de México. Cosa que no hizo en la campaña de 2016, cuando su estrategia discursiva estuvo fuertemente marcada por un tono de racismo antimexicano. Sin embargo, tanto las declaraciones de Trump como el viaje urgente de Mike Pompeo, buscan presionar al gobierno de México para que corte el paso a los migrantes en la frontera con Guatemala.

 

“El racismo ocupa, de nuevo, como en la campaña presidencial de 2016, el centro de la retórica trumpista y los demócratas, presentados como artífices y cómplices de una política de puertas abiertas, no parecen reaccionar con eficacia a la embestida de la derecha”

 

Si es cierto, como han reportado algunos medios, es un error de la saliente administración de Enrique Peña Nieto responder a esas amenazas activando un operativo de seguridad para detener a los migrantes en Chiapas, México está obligado a trazar una política migratoria propia, regida por el respeto a los derechos humanos, que ponga un alto a los efectos extraterritoriales de la patriotería electoral de la derecha republicana en Estados Unidos. No estaría en riesgo nada indispensable, ni siquiera la nueva versión del acuerdo de libre comercio, con ese ejercicio de soberanía en un tema tan sensible como la política migratoria.