Los partidos, en la desesperada

AMLO-Peña Nieto
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Los partidos políticos reaccionaron cuando los escenarios los llevaron al límite. Están en lo que el presidente del CCE, Juan Pablo Castañón, define como “subasta política”.

La reacción social ante los altos costos de la democracia tiene a los ciudadanos hartos y fastidiados. No es un asunto nuevo que nos tome por sorpresa, es un tema que se ha discutido en innumerables ocasiones ante el que se ha hecho poco o nada.

La democracia mexicana es muy cara porque predomina la desconfianza entre los partidos y los políticos. Nadie cree en nadie y todos dudan de todos. La democracia se ha construido bajo el manto de la duda, en el todos contra todos.

Se critica, se señala y se mira a los otros siempre dudando, pero a la hora de recibir el dinero que por ley les corresponde se estira la mano y nadie se queja. Incluso quienes estando fuera se han dedicado a cuestionar el funcionamiento del proceso, cuando entran dejan de ser los acérrimos críticos que eran en otro tiempo.

El temblor ha colocado a los políticos y los partidos en una posición incómoda y fuera de lugar, quizá como nunca antes. Tardaron en reaccionar y cuando lo hicieron se vieron rebasados, para caer al final en la rebatiña barata bajo el “yo fui primero” que tomó la decisión de renunciar a “sus” dineros.

Los institutos políticos están cambiando sus estrategias económicas más como un mecanismo de sobrevivencia que como una convicción. Están buscando congraciarse con una sociedad que los tiene a distancia y en el hartazgo. Se les desprecia y sin exagerar mucha gente no quiere saber nada de ellos.

Los partidos están en los terrenos del mal necesario. Sin ellos no tenemos mecanismos para acceder al poder, gobernar y tener la representatividad de la pluralidad de la sociedad.

En los partidos aparecieron los vicios, la corrupción, los protagonismos insulsos, las ansias de poder sin importar el cómo, para que al final la sociedad camine por un lado de la calle mientras los organismos políticos van por el otro y en sentido opuesto.

La resolución de renunciar a los dineros nos lleva a un cuestionamiento sobre el actual modelo de nuestra democracia y el sistema de partidos.

Nuestra democracia se construyó con la genuina convicción y determinación de no privatizarla. El hecho de que se suspenda el financiamiento público debe entenderse que conlleva un gran número de riesgos.

El mayor sigue siendo el que los dineros para las campañas y para la selección de candidatos venga del crimen organizado, a lo largo de estos años existen pruebas claras de ello.

Germán Pérez, de la UNAM, nos plantea: “no podemos cambiar las reglas a la mitad del camino… no están subastando, más bien andan rematando para tratar de verse bien”.

En la actual coyuntura les resulta rentable despotricar contra un modelo que en 1996 fue unánimemente aprobado, en particular por una jubilosa izquierda. Ahora nadie quiere el sistema porque se hace popular pegarle, como si eso fuera a dar votos en automático.

RESQUICIOS. Así nos lo dijeron ayer:

• Se habla mucho del temblor y la CDMX, pero se tiene que identificar que hay elementos, sin olvidar lo que estamos viviendo, para enfrentar los problemas que tenemos. Sin embargo, no podemos pasar por alto lo que en muchas comunidades está pasando, en las cuales no hay mecanismos de defensa.

Hay que revisar qué ha pasado con conventos, monumentos históricos y mercados en casos como Morelos. El problema es dramático y grave. Se está metiendo maquinaria para derrumbar sin darse cuenta de lo que derrumban. Hay que poner un alto, saber lo que se hace y tener calma. Hay que pedir que en Morelos y Oaxaca se tomen tiempo para revisar el patrimonio.

Tenemos que regresar a los lugares que habitamos y buscar la forma de vivir ahí. Lo que no debemos permitir es que las cosas se contaminen por el proceso electoral, lo que viene son procesos que se llevan entre dos y tres años.

Felipe Leal, arquitecto.