Los que no saben leer ni escribir

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Por:

Julián Andrade

En México hay 5.4 millones de analfabetas. Es una vergüenza que a estas alturas, en pleno siglo XXI, no hayamos logrado abatir ese rezago.

Es un problema histórico y la responsabilidad es de todos, gobierno y sociedad.

En la OCDE nuestro país es el peor calificado. En América Latina y el Caribe tampoco nos va muy bien y estamos por debajo de Colombia, Paraguay, Panamá y Venezuela. Los peores problemas están en Haití y los mejores resultados en Cuba.

El analfabetismo es, además, una muestra de la falta de equidad y de múltiples descuidos.

Los datos no mienten. De los 5 millones 393 personas en esta situación 61 por ciento son mujeres y 39 por ciento hombres.

Siete de cada 10 analfabetas residen en 9 entidades: Veracruz, Chiapas, Estado de México, Oaxaca, Puebla, Guerrero, Guanajuato, Michoacán y Jalisco.

La mitad de ellos en comunidades rurales y 65 por ciento no tiene empleo. Un verdadero desastre, por donde se le vea.

Vamos, sólo 10 por ciento percibe algún tipo de ingreso.

A ello hay que sumar a los 10 millones que no terminaron la escuela primaria. La mayoría, 77 por ciento, está en edad productiva, pero no puede acceder a empleos decorosos y muchas veces ni siquiera modestos.

El 12 por ciento de esta población vive en Campeche, Guanajuato, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Puebla, Veracruz y Yucatán.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) el analfabetismo entre los indígenas es similar al que se padecía hace 40 años.

Peor aún: una de cada tres mujeres indígenas está en esta situación.

Ése es el panorama, pero en el INEA, con presupuestos reducidos, están empeñados en que eso cambie.

Su director, Alfredo Llorente, se encuentra metido de lleno en la Campaña Nacional por la Alfabetización y el abatimiento del rezago educativo.

La meta es atender a 7.5 millones en los próximos años: 2.2 millones alfabetizados, 2.2 millones con primaria y 3.1 millones con secundaria.

Para ello se requiere movilizar a un millón de voluntarios.

Sólo así se logrará terminar con el problema y dar un paso indispensable en el desarrollo, pero sobre todo saldar una deuda con los sectores de la población menos favorecidos.

La clave es articular esfuerzos y lograr una participación constante de la sociedad y en particular del sector productivo, con difusión, apoyo voluntario, activismo y donaciones.

Sin duda es factible y otras naciones lo han demostrado, inclusive las que cuentan con menos recursos que la nuestra.

julian.andrade@3.80.3.65

Twitter: @jandradej