Viernes 27.11.2020 - 19:32

Los rostros denotan la tristeza de haber perdido todo

“En un país desigual las mujeres somos el blanco de la violencia”
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En la región del Istmo de Tehuantepec en Oaxaca, se encuentran dos de los municipios más afectados por los sismos del pasado jueves 7 de septiembre: Juchitán y Asunción Ixtaltepec.

Estos municipios están en la tierra zapoteca, cuya lengua y cultura aún se mantiene viva. En la antigua cultura zapoteca la unidad familiar estaba organizada en un sistema similar al matriarcado, mismo que se mantiene en Juchitán y en toda la región hasta el día de hoy. Tierra de hombres y mujeres fuertes, quienes aunque dicen no perder la fe se muestran con rostros desconsolados por haber perdido prácticamente todo.

En Juchitán se cayeron los cuatro edificios emblemáticos: la Iglesia, la escuela, la presidencia municipal y el hospital. Una de cada tres viviendas tiene daños. En Asunción Ixtaltepec, el daño es proporcionalmente mayor, pero la población es menor.

[caption id="attachment_492032" align="alignleft" width="696"] La iglesia de Juchitán está prácticamente derruida, sin embargo, se requioeren permisos del INAH para derrumbarla.[/caption]

Llegamos a las 6:00 de la mañana al hangar de la Secretaría de la Defensa en la Ciudad de México, para ser trasladados a la zona afectada.

A la intemperie estaban durmiendo unos 40 militares quienes no pudieron despegar el día anterior por condiciones climatológicas. Con el alba levantaron su campamento para viajar a la zona de desastre.

Se sumaron a los miles de soldados que ya están allí trabajando. El miércoles iban a llegar otros tres mil elementos, éstos, policías militares, para garantizar la seguridad en la región.

Aterrizamos en la base aérea militar de Ixtepec, donde los soldados están trabajando con el plan DN III en turnos de hasta 16 horas, para no dejar de armar y distribuir la ayuda que tanto se requiere. Allí hay también marinos, policías federales, miembros de la Cruz Roja y voluntarios.

El puente aéreo que se ha implementado hace más de 20 vuelos diarios con los suministros y víveres que ha enviado el Gobierno federal, algunos gobiernos locales y los que son donados por la gente en los distintos centros de acopio.

De ahí nos trasladamos al hospital militar, en donde debido a la tragedia se ha instruido que se atienda a la población civil.

EL DATO: A LOS COMEDORES comunitarios y albergues de los 41 municipios de Oaxaca afectados por el sismo han llegado 212.5 toneladas de alimento y agua, según la Sedesol.

Platiqué con algunas mujeres que estaban internadas, que quedaron atrapadas entre los escombros el jueves 7 de septiembre. Una de ellas me contaba que cuando se cayó parte del techo de su casa, se bloqueó la puerta y ya no pudo salir, sus vecinos llegaron a auxiliarla, pero tardaron horas porque no había luz.

Otra, estaba ya adormilada e intentó salir corriendo, pero le cayó parte de la pared sobre una pierna y la paralizó. Ambas requerirán cirugías delicadas. Y como ellas, hay cientos.

Recorriendo las calles de Juchitán, casi todas las viviendas y negocios tienen algún daño. Según el censo levantado, una de cada tres viviendas tiene daños. En algunos casos son grietas en las paredes, en otros, las casas se han caído en efecto dominó, una tras otra y también hay muchos terrenos que quedaron sembrados de escombros.

El Palacio Municipal, un edificio histórico de hace más de 130 años se derrumbó parcialmente y tendrá que ser derribado. El mercado, que está junto, también. En la plaza, los comerciantes, en su mayoría mujeres, siguen vendiendo la poca mercancía que les queda.

Algunos dicen que todo lo que tenían para vender está bajo los escombros. Hay pocos puestos. Una señora me cuenta que su madre todos los días trabajaba en una fonda de comida que está frente al mercado, que de haber sido el sismo durante el día, muchísima gente hubiera muerto, en el mercado y en el palacio. También me dice que está muy triste porque el guardia del mercado, a quien todos conocían, quedó sepultado en los escombros.

Llego al puesto donde se vende pescado. Los alimentos están llenos de moscas, pero tienen que consumir lo poco que les queda, nada se puede desperdiciar. Me explican que el pescado se está acabando porque los pescadores no pueden salir al mar por el mal tiempo. Están prohibidos, pero también se venden huevos de tortuga.

Me cuesta trabajo entenderles, casi todos en la plaza siguen comunicándose en zapoteco.

Cuando hacíamos las entrevistas llegó Mística, un muxe de Juchitán, quien me ayuda a traducir. Los Muxes son hombres que se visten de mujeres, pero no se consideran travestis ni transgénero. Se les ubica como el tercer género en Oaxaca y son muy reconocidos por la sociedad del Istmo.

[caption id="attachment_492034" align="alignleft" width="472"] Mística un muxe, asegura que a pesar de que lo perdieron todo, conservan la fe en que van a salir adelante.[/caption]

Mística, quien sigue vendiendo sus gelatinas como antes del sismo, me platica cómo se ha perdido todo, pero que tienen mucha fe en que van a salir adelante. Dice que han recibido ayuda y mucha, pero nada es suficiente para poder reconstruir Juchitán.

Son más de 39 mil viviendas y todos los edificios importantes de la zona los que están dañados. Muchos fueron hechos desde la época colonial y las construcciones no cuentan con las normas de edificación que se requieren, para poder soportar temblores. Y más en el Istmo, que es una tierra sísmica.

No cuentan con trabes, muros de carga con refuerzo de acero, con varillas, con muros de contención, casi todas las construcciones son de adobe.

Seguimos caminado y nos encontramos, en casi todas las puertas de las casas, con gente acampando. Están cuidando lo poco que les queda porque, dicen, ya están robando.

[caption id="attachment_492037" align="alignright" width="696"] La escuela más emblemática, la primariaCentro Escolar Juchitán, tenía 79 años y sólo quedan escombros.[/caption]

Pero en muchos casos, estar junto a esas paredes tan dañadas puede ser más riesgoso aún. Señalan que empezó a circular un rumor de que volvería a temblar para que la gente abandonara sus pertenencias y entrar a saquear lo poco que queda. Y ha temblado; el miércoles iban más de mil 300 réplicas registradas. Como la destrucción ha afectado tanto las viviendas, lo que más se necesita en estos momentos son tiendas de campaña para la gente.

En la otra plaza estaban la escuela primaria y la iglesia, semiderruidas. Ambas con daños irreversibles. Todos agradecen que el sismo no haya sido en horario escolar. “¿Se imagina cuántos niños heridos y muertos habría?”, en la escuela, también centenaria, estudiaban más de mil niños, cada día.

Los peritajes lo dictan: la escuela y la iglesia se tienen que derribar para poder reconstruirlas. Los militares encargados de la reconstrucción, que están a cargo del proyecto arquitectónico, me dicen que en seis meses se tiene que tener una escuela nueva y segura.

Para poder demoler la iglesia se requiere de muchos más permisos, entre ellos el del Institutio Nacional de Antropología e Historia, porque es un edificio protegido de gran valor. Se está determinando qué se puede conservar y qué se debe demoler, para que no haya riesgo. Pero no se ve qué pueda salvarse, la destrucción es casi total.

En Asunción Ixtaltepec, llegamos a la cocina comunitaria en la que trabajan elementos de la Sedena, con mujeres de la población para poder dar alimento a la gente.

[caption id="attachment_492038" align="alignnone" width="696"] Elementos del Ejército y voluntarios de la Cruz Roja patrullan las calles de los municipios afectados para brindar auxilio a los damnificados.[/caption]

Mientras cocinan, platican. Una de ellas perdió a su abuela y a sus tíos. Otra me dice que a su casa no le pasó nada, pero que todas las viviendas alrededor se cayeron y que salir de ahí fue muy difícil porque la gente estaba muy angustiada y no había luz. La destrucción en Ixtaltepec es peor que en Juchitán. Una tras otra se ven viviendas derruidas.

Y el escenario se repite en más de cuarenta municipios oaxaqueños, en buena parte de Chiapas, en Tabasco. Son los daños de la tragedia, pero también de la pobreza. Por cierto, la Sección 22 repartió panfletos exhortando a la población a no permitir la entrada de fuerzas federales y a rechazar apoyo para reconstruir escuelas. Eso es parte de lo que explica la pobreza.