Jueves 1.10.2020 - 07:08

Los sicarios del mal

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Pablo Hiriart

El lunes leí la columna de Héctor Aguilar Camín en Milenio, y confirmo que en las redes sociales hay una maquinaria engrasada para diseminar odio.

He recibido miles (sí, miles) de insultos a través de Twitter, en menos de una semana, que por respeto a los lectores no reproduzco ni siquiera algunos en calidad de muestra.

La carga de odio, la vulgaridad amenazante y el desprecio por el sentido de lo que significa humanidad parecen no tener límites.

En las penumbras de la patria, zetas, golfos y otras pandillas homicidas descuartizan los cuerpos de sus enemigos y los arrojan en carreteras o en fosas comunes.

Nos duele que eso ocurra, pero no es un fenómeno aislado: el odio que se vierte en redes sociales tiene cierta similitud. Los une el desprecio por la condición humana.

Los que ejercemos la crítica (acertada o equivocada) contra tal o cual o cual candidato o candidata, somos perros, cerdos, lo mismo que nuestros padres y todas las partes de nuestro cuerpo, por dentro y por fuera.

Del odio expresado de manera verbal se puede pasar muy rápido a la acción directa, física, como hacen zetas y golfos.

¿Eso queremos para nuestro país?

¿Cómo permiten el PRI y el Verde que un candidato suyo se monte en un elefante a manera de simbolismo para decirnos que él va a aplastar “ratas azules y amarillas”?

Aquí no hay animales. Somos seres humanos. Somos mexicanos. Y los que ven ratas, cerdos o perros en sus adversarios políticos terminan comportándose como tales. Así lo hacen las bandas criminales.

Es inconcebible que un grupo político que apoya a López Obrador, por una parte predique el amor para ganar adeptos y por otra promueva el ataque cobarde contra sus críticos para intimidarlos.

Qué lástima que así sea. No tienen idea del gran país al que están envenenando.

Grupos de ultraderecha liderados por un español que cobra por inocular odio, van a manifestarse no a favor de alguna idea o candidato, sino en contra de una persona a la que desprecian.

¿Dónde va a parar esta espiral de intolerancia?

La maquinaria del odio es fácil de echarla a andar, lo complicado es detenerla.

El odio es peligroso para un país. Quien lo usa como herramienta de propaganda no sabe el daño que hace o puede hacer. Y si es consciente de ello, tanto peor.

Hace 18 años se montó una maquinaria de difamación contra un candidato a la Presidencia de la República, quien terminó asesinado en Lomas Taurinas.

¿Eso quieren? ¿Eso buscan para después esconder la mano?

Ese es el clima que están creando. Los climas no disparan, es cierto, pero nunca falta el loco que se monte en esa ola que actualmente se construye.

phl@3.80.3.65

Twitter: @phiriart