Los “vientos de guerra” de Chavez

Los “vientos de guerra” de Chávez
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Los berrinches de Hugo Chávez suelen ser ridículos, como los de un niño que grita y patalea cuando no consigue lo que quiere. O pueden llegar a ser inquietantes. El presidente venezolano acaba de advertir que “los vientos de guerra comienzan a soplar en la región”.

Lo hizo en la cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en Quito, donde esperaba conseguir el apoyo de los demás participantes para condenar la intención de Colombia de autorizar el uso de siete de sus bases militares al Ejército de EU. No lo logró.

El presidente colombiano, Álvaro Uribe, se le había adelantado con una gira exitosa en siete países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay), donde explicó a los mandatarios que el convenio militar no amenazaba la soberanía de los vecinos y que no se trataba de “bases militares estadounidenses”, como van diciendo Chávez y sus aliados cubanos o ecuatorianos. Serán instalaciones ya existentes, bajo el mando de oficiales colombianos. Según el acuerdo actualmente en negociación entre Bogotá y Washington, el personal norteamericano sólo podrá ejercer actividades de apoyo logístico y tecnológico para luchar contra el narcotráfico y la guerrilla dentro de las fronteras colombianas. Es lo mismo que hacía hasta ahora desde la base ecuatoriana de Manta, cuyo cierre ha decretado el presidente Rafael Correa.

El boliviano Evo Morales –“No aceptamos militares norteamericanos en Bolivia y no los aceptaremos en Latinoamérica”, dijo– fue el único en rechazar las explicaciones de Uribe, que no había incluido Caracas y Quito en su gira. En cambio, el peruano Alan García se alineó totalmente con Bogotá. Los demás, incluyendo Argentina y Brasil, que habían expresado anteriormente algunas reservas, se limitaron a reconocer el derecho soberano de Colombia de negociar un acuerdo con un país amigo. Todos convinieron que tratarían el tema más a fondo en otra reunión a finales de agosto en Argentina.

Chávez tiene motivos para estar irritado. Ha sufrido dos fracasos en muy poco tiempo en su afán de exportar el proyecto bolivariano al resto del continente. Primero, en Honduras, con la destitución de su aliado, el presidente Manuel Zelaya. Y, ahora, sus colegas sudamericanos no lo apoyan en su estrategia para impedir la presencia militar del “imperio” en la región, donde ha estado en realidad desde hace años dentro del Plan Colombia. EU no aumentará su personal (600 militares y 800 civiles), pero sí su capacidad tecnológica, lo que tiene muy preocupado a Chávez: no en vano, pues sus relaciones con la guerrilla colombiana de las FARC y el narcotráfico han sido puestas en evidencia por los sofisticados equipos de intercepción electrónica.

Ahora bien, ¿podría Colombia aprovechar el escudo estadounidense para atacar a su vecino venezolano bajo el pretexto de perseguir a los guerrilleros de las FARC que utilizan al país vecino como santuario? Es el temor que ha expresado Chávez en varias oportunidades, especialmente después del ataque de la aviación colombiana, el año pasado, contra un campamento de las FARC en Ecuador, donde murió el número dos de la guerrilla, Raúl Reyes. Mucho antes de que esto ocurriera, Venezuela había entrado en un proceso de modernización de su Ejército y se gastó, entre 2005 y 2008, más de 11 mil millones de dólares en armamento ruso, chino o español. Ha adquirido, entre otras cosas, 24 cazas rusos Sukhoi, que le dan una enorme ventaja aérea sobre los Super Tucanos brasileños comprados por Colombia. Debido al conflicto interno, que dura ya cuarenta años, Bogotá gasta aún más que su vecino y tiene un Ejército mejor preparado.

Todos los ingredientes están reunidos para que estalle en algún momento un conflicto regional. El peligro, sin embargo, está en la situación de Venezuela, donde los chavistas tienen que recurrir a medidas cada vez más autoritarias para compensar su desgaste político. Los autócratas sacan a pasear al “enemigo externo” para resolver sus problemas internos y fomentar la unión nacional, como lo hizo, sin éxito felizmente, la junta militar argentina cuando atacó las Malvinas en 1982. Hasta ahora, el lenguaje incendiario de Chávez se ha quedado en violencia verbal. Y esto se debe en buena parte a los consejos de Cuba, que actúa como el ideólogo del eje bolivariano. La cordura de los hermanos Castro tiene una explicación pragmática: en caso de conflicto, La Habana perdería su principal fuente de energía, el petróleo venezolano, y sería la primera víctima del enfrentamiento.

bdgmr@yahoo.com

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