Luege y los patos bocones

AT, o pollitos en fuga
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Nabor Carrillo.- Muchos confunden el Lago Nabor Carrillo —pieza central del Plan Rescate de Texcoco implementado en 1971— con el antiguo lago, cuando se trata de una obra netamente humana que padeció largos años de abandono, pero que a raíz de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, encomendado a Federico Patiño y a Gerardo Ferrando, es objeto de un tratamiento científico para su mejora y rehabilitación.

Y es que esa laguna artificial, que terminó de llenarse en 1982, nació como “laguna ciega” debido a errores en la construcción de canales que no se conectaron con las esclusas de transferencia; por eso su llenado dependió de aguas pluviales y recepción de descargas residuales y/o tratadas de la Planta de Tratamiento de Churubusco. Tal vez por ello, uno de los grandes opositores al nuevo aeropuerto, José Luis Luege, omite que al paso de los años el Nabor Carrillo se convirtió en un vertedero de aguas hipereutrofizadas, con un alto contenido de materia orgánica, que agota el oxígeno como fosfatos, parásitos y coliformes fecales que superan en hasta tres veces los niveles máximos permitidos en un cuerpo de agua catalogado como “sano”. Así que cuando el exdirector de la Conagua se opone a la construcción del NAIM, argumentando la preservación actual del Nabor Carrillo, está defendiendo un depósito fecal que corre el riesgo de morir, como sucedió con Valsequillo, en Puebla.

Y el pato dijo cua-cua. A la fría y cenagosa orilla de las 560 hectáreas de espejo de agua de la laguna es posible percibir grandes parvadas de patos bocones (hasta 100 mil individuos en temporada de invierno, según mediciones de la firma especializada Sucofa, que dirige Fernando Domínguez ) y que prosperan dada las descarga de aguas llenas de materia orgánica, entre ella, materia fecal. Su pico tipo filtro les ayuda a ello, pero conforme avanza la contaminación, los patos pierden peso. Le comento en broma a los biólogos expertos en aves que me acompañan, Salvador Gómez, Iván Flores y Uriel García, si los patos bocones se puede comparar con los ostiones. Todos ríen de buena gana y asientan.

Así, mientras que los patos bocones prosperan coyunturalmente, se degrada el hábitat, incluido el de especies locales en extinción, como el chorlo nevado y el rálido azteca. Así que cuando Luege dice que el NAIM es un “ecocidio” —quiero creer que es involuntario y producto de la ignorancia— valida el ecocidio que durante décadas hemos cometido sobre el Valle de México que incluye a miles de patos que comen, literalmente, mierda.

Manejar el agua. La firma Sucofa hace mediciones y le proporciona a Mitre, el comportamiento de poblaciones de aves migratorias y locales. El objetivo es que con los trabajos de mejora de calidad del agua que realiza la Conagua, todavía a cargo de Roberto Ramírez, los patos vuelen hacia los otros 11 cuerpos de agua del Valle de México con materia orgánica suficiente para alimentarse y no representen un riesgo para los aviones del NAIM… y rescatar con aguas neutras el hábitat para las especias originarias en el Nabor Carrillo. Todo depende de una consulta, vía encuestas, dice Javier Jiménez Espriú.