Martes 14.07.2020 - 02:05

Malos conocidos: el peronismo argentino

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Por:

Leonardo Núñez González

Este domingo en Argentina se realizaron las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias, en las que los partidos convocan a sus miembros para elegir sus candidatos para las elecciones de octubre. Más allá de lo que pase con la oposición, la atención se centra en si ganará Daniel Scioli o Mauricio Macri, ambos miembros del peronismo, el partido en el gobierno, ya que es casi seguro que volverán a ganar las elecciones.

La pregunta que en verdad resulta interesante es cómo el peronismo ha logrado sobrevivir desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, pasando por dictaduras militares, la derrota en las urnas después de la democratización y la experiencia de presidentes tan detestables como Carlos Menem. Su capacidad de mutación, adaptación y movilización sólo es equiparable con la del priísmo mexicano.

El peronismo surge del movimiento sindical y populista de Juan Domingo. Durante su mandato se dio un giro a la sustitución de importaciones y a la rápida industrialización apoyado en la consolidación de la organización clientelar. Tal como realizó el PNR y el PRI casi en el mismo período, pero con un culto a la persona en lugar de a la revolución institucionalizada.

La fuerza que adquirió este movimiento fue tal que se consideraba la existencia de una ley de hierro en Argentina: el peronismo no podía ser derrotado en las urnas. Ante este hecho, los militares interfirieron tutelando o derrocando a los gobiernos, ya que en el terreno electoral era difícil combatir a las estructuras populares del peronismo. El costo de esto es conocido: las dictaduras militares y su exacerbada crueldad.

Por ello, cuando llegó el momento de la democratización, los argentinos decidieron tener un cambio y eligieron a alguien con cartas democráticas: Alfonsín. En su discurso había una fe en la democracia y prometía que ésta incluso sería la que daría de comer a los argentinos. No fue así y tuvo que renunciar, en medio de una crisis.

La siguiente experiencia con alguien diferente al peronismo fue en 1999, cuando Fernando de la Rúa, en una alianza entre la Unión Cívica Radical y el Frente País Solidario, presentó un contraste con la desgracia que era tener a Menem como presidente. Sin embargo, las cosas salieron peor. En diciembre de 2001 la crisis llevó a la imposición del “corralito”, en la que los argentinos no podían retirar más de 250 pesos de los bancos cada semana y al “cacerolazo”, en el que multitudes asaltaron tiendas y comercios. La imagen de la crisis fue dramática: De la Rúa renunció y huyó del palacio de gobierno en un helicóptero, mientras en las calles la policía fue responsable de la muerte de 39 personas. En las siguientes dos semanas hubo 4 presidentes.

El kirchnerismo posterior controló al principio, pero ahora tiene a Argentina estancada. Sin embargo, la imagen de los desastres de la oposición y su mala organización aún pesan y, cuando se trata de peronismo, parece que se adhieren a nuestros dogmas: “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

leonugo@yahoo.com.mx

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