Sábado 11.07.2020 - 00:11

Manlio

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Rubén Cortés

La Jornada dio la lectura más certera al cambio de liderazgo en el partido que gobierna desde el 1 de diciembre de 2012: “Vuelve el ritual priista; Beltrones Rivera, el bueno”. Y éste la apuntaló luego: “Mi objetivo es apoyar al Presidente en su tarea transformadora”.

Para el PRI es ambrosía pura haber resuelto la sucesión en la dirigencia con una candidatura de unidad que le garantiza la estabilidad; mientras los otros partidos, salvo Morena, se encuentran sumidos en el desorden y en la anarquía.

Sobre todo porque enfrente tiene a Morena, que (en tanto los otros partidos viven entre los pesos y contrapesos, tensiones y juegos de decisión de la democracia) ya decidió que AMLO será su candidato presidencial en 2018 y lo que aprobará, o no, en el Congreso.

Una encuesta del 2 de agosto en Reforma coloca a AMLO en primer lugar en la intención de voto, con 42 por ciento.

El PRI, aun con su vuelta al ritual, está en el grupo de partidos envueltos en las reglas de la democracia con rumbo a 2018. El propio Manlio aclaró que, pese a que los estatutos no lo inhabilitan para ser candidato, será “un buen árbitro, no un jugador”.

Entonces el Presidente hizo bien al no hacerse bolas escogiendo a Manlio, en su objetivo de frenar el avance del populismo que hoy, sumido en una galopante crisis económica, halla campo fértil para, como Tzipras en Grecia, prometer lo imposible y que, sin embargo, la ciudadanía se lo crea.

Porque ya desde la Legislatura que acaba el 30 de agosto, Manlio, como jefe de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados, fue esencial para conseguir las reformas que estructuraron el proyecto de modernización del Presidente.

Es lo que promete como líder priista: “Buscaré llevar las reformas estructurales impulsadas por el Presidente Enrique Peña en los ámbitos energético, educativo y de telecomunicaciones hasta sus últimas consecuencias, para que puedan dar beneficios a la gente”.

Lo hará en la segunda parte del sexenio, cuando la política doméstica se tensa, pues la oposición se cierra a las negociaciones ante la cercanía de la sucesión presidencial: un entorno ideal para un político como Manlio, férreo pero conciliador, incluyente y hasta seductor con la oposición.

Hay que recordar la buena relación tejida por Manlio en San Lázaro con su par en el PAN, Ricardo Anaya, y con uno de los aspirantes a la Presidencia del PRD, Miguel Alonso Raya, formados ambos en la capacidad de diálogo tanto con el gobierno como con los otros partidos.

Imposible olvidar tampoco el anuncio de Manlio: “La idea es ir a consolidar el siglo XXI”.

Es decir, en su momento decidirá si continúa como árbitro.

O se convierte en jugador.

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Twitter: @ruben_cortes