Maratón CDMX

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • rodolfoh-columnista

La ciudad y sus gobernantes merecen ser reconocidos cuando hacen bien las cosas. El análisis, la crítica o la comparación son poco serios cuando se omiten las acciones positivas, en este caso el Maratón de la Ciudad de México fue un evento deportivo de clase mundial, que lo menos que puede llevarse es un aplauso.

40 mil maratonistas, quienes durante todo el año se prepararon para esta justa, vivieron una experiencia inolvidable. Los que entrenamos para deportes de fondo y alta resistencia sabemos que esto supone sacrificios y dedicaciones singulares. Ante eso, la exigencia del atleta para con los organizadores es siempre mucha; y en el caso de la edición número 35 de esta competencia, las expectativas fueron cumplidas con excelencia.

Es un mérito que no puede escatimarse ni al gobierno capitalino, ni a los patrocinadores; complementado además por una ciudadanía que se volcó de manera extraordinaria a lo largo de la ruta para animar y apoyar a los participantes.

La logística para un evento de esta envergadura no es cualquier cosa, involucra desde la señalización y la seguridad de los deportistas y espectadores, hasta cortes viales, abastecimiento, servicios médicos, limpieza y un sinfín de pequeños grandes detalles que suponen meses en su diseño y planeación.

El Maratón de la CDMX es un ejemplo de que se pueden hacer bien las cosas; y más aún, es una señal de que gobierno, iniciativa privada y ciudadanía pueden integrase para alcanzar objetivos comunes. De alguna manera es una reafirmación de que solamente juntos podemos alcanzar metas importantes.

Cosas así deben llevarnos a reflexionar sobre las motivaciones que hacen que se conjunten los talentos y energías de tantas personas a la vez. Por ello, en su debida proporción, deberíamos emular las lecciones que deja este encuentro deportivo para tareas diversas y de impacto social.

No todo es política y elecciones, por el contrario, la vida diaria es todo menos eso. Y así se vivió el ambiente que prevaleció durante la carrera. La entrega y el cariño que recibieron los corredores fueron oxígeno puro para alcanzar la difícil línea final en Ciudad Universitaria.

De los atletas siempre hay mucho qué aprender; de hecho, eso le hace falta a la clase política. Debieran sentir lo que significa la disciplina de entrenar, el cuidado en la alimentación y la búsqueda de un fin limpio y sano. Y después, cuando llega el ansiado día, viene la concentración para que, llegado el punto, dejar que la mente y el corazón hagan el último esfuerzo cuando los músculos ya dieron de sí.

Los atletas, los ciudadanos, el gobierno de Miguel Mancera, el COM, la UNAM y los patrocinadores deben estar contentos y orgullosos. Fue un evento que, como lo expresó muy bien mi amigo y maratonista Eduardo Rojas: “es un fenómeno durante el cual a los ciudadanos y corredores les sale lo cordial, lo solidario, el civismo impecable y una alegría indescriptible. Cerrar los últimos kilómetros por Insurgentes es ver a una ciudadanía como la quisiéramos ver todos los días”.