Marchas, patrimonio de la CDMX

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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La Ciudad de México no sería lo mismo sin las marchas. Las manifestaciones son parte del ADN capitalino, de su paisaje urbano. Casi patrimonio.

En torno a ellas hay desde souvenirs (recuerditos, playeras, gorras…) hasta propuestas tan absurdas como construir un “Marchódromo”. Y es que en la selva capitalina circular por Reforma, Chapultepec, Bucareli, Insurgentes, Av. Juárez o Eje Central, un día cualquiera, puede derivar en un deporte para esquivar, burlar o hasta unirse a alguna manifestación.

No sólo son las nutridas concentraciones de quienes se han vuelto profesionales en el negocio de la protesta, como la CNTE, el SME, los Panchos Villa o Antorcha Campesina. También son las genuinas manifestaciones de ciudadanos que demandan algún servicio o que protestan contra x o y política de gobierno.

Siete de cada 10 manifestaciones que se realizan en la CDMX tienen que ver con el ámbito federal y los conflictos en otras entidades; sin embargo, le pegan directamente a la vida cotidiana de quienes aquí vivimos, y ni se diga a la productividad y la competitividad de la ciudad. Cifras de la SSP apuntan que de marzo de 2014 a febrero de 2015 se realizaron 9,168 movilizaciones; es decir, 25 manifestaciones o concentraciones diarias, con un impacto económico aproximado, calcula la Coparmex-CDMX, de 90 millones de pesos semanales.

No sé si lo avalado por la SCJN —el artículo 213 de la Ley de Movilidad— en torno a las movilizaciones

—que quienes marchen deban avisar a las autoridades 48 horas antes de hacerlo y no se puedan utilizar vialidades primarias— vaya a cambiar la dinámica actual. De entrada, porque el aviso no es obligatorio en tanto no hay sanción a quien no lo realice. Y también porque con todo y aviso ni las pérdidas económicas se esfumarán, ni tampoco desaparecerá el caos vial que generan.

No creo que se trate de prohibir, ni mucho menos. El derecho a la protesta debe estar salvaguardado. Prohibido prohibir, dice una máxima que comparto. Lo que debe hacerse es regular para conciliar el derecho a la manifestación con el derecho al libre tránsito. ¿Se puede? Pienso que sí.

Otras grandes ciudades lo han hecho. En París, por ejemplo, se debe avisar a las autoridades el lugar y la ruta de protesta tres días antes; en Berlín debe informarse ruta, lugar y cantidad de participantes estimada 48 horas antes de las protestas, que están prohibidas en monumentos históricos; en Madrid es necesario avisar la fecha, ruta y motivo 10 días antes, y si las autoridades consideran riesgo de disturbio se pueden prohibir; en Londres se debe saber ruta, fecha, lugar y datos de organizadores seis días antes.

  Off the record... Si Ricardo Anaya se equivoca en la selección del próximo presidente de la Mesa Directiva de San Lázaro, que emanará del PAN, puede diluir parte de lo ganado. Entre los diputados parece claro: debe ser alguien de experiencia y no sólo una extensión del equipo del presidente del PAN. La definición, la próxima semana… Los que sí se equivocaron y se exhibieron fueron los diputados de Morena: Aleida Alavez, Ana Juana Ángeles, Citlalli Hernández, María Eugenia Lozano y Luciano Tlacomulco, quienes quisieron enseñar músculo al protestar por el “derribo” de árboles en la obra del deprimido en Mixcoac. No sólo llegaron más diputados que vecinos, sino que en la obra ¡ya no habrá “derribos”! Vaya papelón.

m.lopez.sanmartin@gmail.com

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