Matar a un hombre

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Por:
  • larazon

El indígena tzeltal Adolfo Moreno fue hallado sin vida por sus vecinos, entre los matorrales, amarrado de las manos y con un balazo en la espalda.

Era uno de los campesinos de Agua Azul, Chiapas, que fueron atacados por unos 70 individuos con armas de fuego, machetes y palos. El saldo inmediato fue de más de dos decenas de heridos. Además, el comando armado se llevó a seis de los agredidos, de los cuales cinco ya fueron liberados y el restante es al que se encontró muerto.

Los agresores son militantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) del municipio autónomo en rebeldía Comandanta Ramona.

La nota de La Jornada que informa de la liberación de los retenidos habla de “un incidente en que una persona murió y más de 20 resultaron heridas”.

Curiosa manera de referir lo sucedido: se omite el nombre del asesinado (es sólo “una persona”) y se señala que “murió” en “un incidente”, no que fue ejecutado. No hay una sola línea que diga que fue una agresión. En la página siguiente, Hermann Bellinhausen alude a la “creciente provocación armada del Ejército de Dios (evangélico) en Chiapas”.

El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas rechazó pronunciarse sobre los hechos, pues no tiene reportes sobre “el supuesto (sic) ataque”. Ese silencio ha sido también la actitud de ONGs, partidos políticos, reconocidos columnistas y redentores sociales y las comisiones nacional y local de derechos humanos (¡agh!).

Es claro que Adolfo Moreno fue ejecutado y que el ataque fue alevoso. Ninguno de los agredidos disparó: a todos les resultó negativa la prueba de rodizonato de sodio.

Como motivos del brutal asalto se menciona un conflicto de tierras y diferencias políticas e ideológicas. Sólo falta que se alce alguna voz rebuznando que si se exige castigo se pretende criminalizar la protesta social, expresión que se ha puesto de moda entre legisladores, activistas y analistas que en su miseria moral soslayan que hay una diferencia abismal entre protestar y secuestrar o asesinar.

La Iglesia Nacional Presbiteriana de México en Chiapas manifestó que el homicidio demuestra una vez más “qué engañosas suelen ser las ideologías y los movimientos que en Chiapas supuestamente luchan por igualdad y justicia: quienes se dicen reprimidos e incluyentes, ahora reprimen, discriminan y asesinan”.

El secuestro y el homicidio con alevosía son delitos gravísimos, los cometa quien los cometa. No hay razón ideológica ni política que los justifique o les sirva de atenuante.

En el siglo XVI, Castellio, al reprochar a Calvino que urdiese que se quemara vivo a Servet por sus ideas teológicas, escribió: “Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre”.

ldelabarreda@icesi.org.mx

fdm