JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • xavier_hidalgo

¿Hasta qué punto el estereotipo es válido? ¿Hasta qué punto incorrecto? Y ¿Hasta qué otro infalible? Y como diría Shakespeare, ésa es la cuestión.

La cosa es que a veces parece ser que se convierte (el estereotipo) en necesario para entender o asimilar, y otras tantas en casi una burla que termina por convertir en farsa lo que debería ser una tragedia.

Pero, señor lector, así es el cine; eso es mejor entenderlo de una vez. De la más grande de las desgracias se puede escribir una comedia (y si no me cree vea usté Inglorious Bastards, de Tarantino). Así pues la ficción puede valerse de casi cualquier historia para hacer una propia basada en esa realidad, acrecentándola o cambiándola, según requiera la narrativa.

Todo esto para decirle a usté, señor lector, que precisamente hoy se estrena Me quedo contigo, la ópera prima de Artemio Narro, una historia que supera con creces la realidad, no porque ésta sea menos terrible, sino porque por momentos es tan tremendo su reflejo en cada uno de los personajes que terminamos por creer que en este caso la ficción superó la realidad y no al revés, como suele suceder.

Me explico: Me quedo contigo es un filme que habla de la violencia. El mismo director incluso dijo que su obra gira en torno a tres temas: las estructuras de poder, la violencia y los medios de comunicación. Yo agregaría que el filme es además una distorsionada fotografía de esa realidad que muchos queremos evadir, aun en el cine.

Y sí, el tema no deja de ser historia en la cinematografía nacional.

Narro tiene un antecedente interesante y es que previo a incursionar en el mundo del cine era ya conocida su obra plástica, y eso de alguna manera determina el aspecto estético del filme, pero parece también ser parte del destino que juega la cámara, que se convierte en una observadora paciente, distante. El realizador básicamente se convierte en un antropólogo tratando a sus personajes como figuras de estudio, estirando el ya mencionado estereotipo del niño fresa hasta un extremo en el que nosotros los espectadores dudamos queriendo entender.

La violencia, eje central del filme, se apodera rápidamente de la personalidad de cada caracter presente y el ecléctico diseño sonoro trata de seguir el ritmo, aunque no siempre logra equipararse a las imágenes que corren a mayor velocidad, la misma velocidad a la que vemos como cada uno de los protagonistas van perdiendo su esencia humana para convertirse en presas y victimarios.

Por momentos pienso que esto merece bien ser encasillado en lo experimental.

Con más fallas que aciertos, debo decir con certeza que lo que la película logra sin duda es ponernos a pensar, nos obliga a retener en la cabeza las terribles imágenes y hacer una reflexión acerca de lo que podemos llegar a ser capaces los seres humanos.

urrutiaximena@gmail.com