Murmullos de un instante

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Claudia Guillén

Para Elvia Alicia Martínez Salas, mujer a la que disfruté, quiero y admiro.

Un instante, tan sólo uno de la vida cotidiana, nos permite descubrir que como individuos somos únicos e irrepetibles. Tomando este referente, nos podríamos dar cuenta que hay tantas y tan variadas historias como individuos en este mundo. Y que por su diversidad, más de alguna puede acercarse a nuestra experiencia de vida, o la de alguien cercano.

Quizá por ello, cuando nos cuentan una historia que suponemos no haber conocido con anterioridad, saltan algunos chispazos que nos remiten a un recuerdo difuso, ya sea propio, o bien, parte de la memoria colectiva de nuestro entorno.

Raymond Carver (1938-1968) es un escritor norteamericano que ha llevado a cabo la labor de mostrarnos, a través de su literatura, situaciones que parecieran estar enterradas en la cumbre de lo anodino. Así, pues, en su registro cuentístico se echa de ver el oficio que no cesa de escudriñar; hurgar; palpar: para remover ese instante en el que parece no pasar nada en la cotidianidad de cualquiera. Sin embargo, Carver lleva de la mano al lector para que sea testigo de esta suerte de disección que hace de sus personajes y cómo encuentra en ellos ese punto de vista que hace la diferencia de que esos

días parecieran repetirse interminablemente, semejantes al sonido de una gota cuando cae.

El domingo 21 de febrero de este año, se realizó la ceremonia de los Oscar. Como es de todos sabido la película Birdman, del director y guionista Alejandro González Iñárritu, fue premiada por la Academia. Iñárritu es un cineasta que ha logrado reconocimientos importantes en el medio fílmico, tanto a nivel nacional como internacional. Y con este filme da un paso a otra estética dentro de su obra, pues lleva a cabo este proceso que muchos han deseado y que muy poco han logrado. Me refiero a trasladar el lenguaje literario al lenguaje cinematográfico, y con el plus de que este ejercicio se haga como un homenaje a su autor favorito. Y este autor es el mismo Raymond Carver, de quien les comentaba líneas arriba.

No es la labor de una servidora hacer una reseña cinematográfica del también director de Amores Perros, sino poner sobre la mesa esta reflexión de cómo un autor de literatura puede reinventarse a través de otras disciplinas y el ejemplo de Birdman es un muestra impecable de cómo se logra un ejercicio estético y afortunado de urdir el entretejido de estos personajes que parecieran ser “raros”, pero que en realidad su rareza estriba, entre otras cosas, en el realismo más puro de los que se vale un autor para presentárnoslos.

El propio González Iñárritu declaró que al llegar al medio siglo de vida se planteó varias premisas y una de ellas fue dar voz a un cuento de Carver: “De qué hablamos cuando hablamos de amor”.

Es cierto que normalmente no nos gusta ver cuando nuestra vida avanza y pensamos que hay que replantearnos nuevas formas para, a su vez, reinventarnos. Dejando a un lado que al hacerlo podemos llegar a ser personajes, patéticos; complejos; entrañables y por qué no decirlo:

humanos. Y que, quizá, cuando sentimos que no pasa nada en nuestras vidas, hay un movimiento que ya no percibimos porque estamos tan acostumbrados a él, que apenas y se enuncia como un murmullo. Pues bien, esa es la situación que preocupa tanto a Carver como a González Iñárritu: lograr que a través de la imagen de la palabra o fílmica, se recreen las atmósferas de esos seres que van y vienen y que, incluso, pueden pasar y nosotros ni los notamos.

Por lo menos a mí, no sé a ustedes, cuando he estado en un restaurante o en un café esperando, o en el Metro, o sea, en cualquier lugar donde tengamos el tiempo de observar a los que nos rodean sin que haya ninguna distracción de por medio: Me pongo a pensar cómo será la vida de esa mujer que espera impaciente a que alguien llegue a su mesa. O el hombre que lee el periódico mientras toma un café. O el estudiante que va en el metro leyendo algún texto de la escuela. Nunca he llegado a atinar cuál es esa parte que esconden y que los identifica como individuos. Son personajes que pasan por mi vida tan sólo un instante. Aunque gracias a los espacios cinematográficos y literarios, esos personajes están ahí y tenemos la oportunidad de alcanzarlos y de verlos para descubrir que en su interior existe un túnel de donde surgen las aristas que hacen que su vida sea algo digno de contar.

Nos vemos el otro sábado, si ustedes gustan.

 Ojal. Quien quiera ver la película Birdman, se está exhibiendo en varios cines del país. De igual forma, si alguien quiere acercarse a la literatura de Carver lo puede encontrar editado bajo el sello Anagrama en cualquier librería.

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