Nacionalismo ajeno

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • Pacotest

Alos mexicanos nos fascinan las películas nacionalistas siempre y cuando no sean mexicanas. Lo que en una cinta de nacionalismo bélico inglés nos arranca suspiros, en una película mexicana del mismo tipo nos causaría risa. Así somos: importamos hasta el nacionalismo ajeno.

Resulta asombroso que el género propagandístico de las películas sobre la Segunda Guerra Mundial siga produciendo ganancias de millones de dólares.

Los mexicanos pagamos nuestros boletos en el cine para ir a ver soldados estadounidenses o ingleses combatir turbas de malvados japoneses o alemanes. Cuando el muchacho bueno de la cinta mata con su arma a cientos de enemigos como si fueran moscas, los mexicanos nos emocionamos, nos identificamos con él. De regreso a casa, los niños juegan a que son Bob o Tim y que plantan la bandera de Estados Unidos o de Gran Bretaña en la azotea de un edificio en ruinas.

El nacionalismo, que en México nuestros intelectuales atacan con fiereza, no sólo está vivito y coleando en los países más poderosos del mundo, sino que es una industria boyante.

Fui a ver, en un cine repleto, la película Dunkirk, que trata de la evacuación del ejército aliado que había sido rodeado por los alemanes. La historia la conocen todos: a finales de mayo y principios de junio de 1940, alrededor de 200 mil soldados británicos y 100 mil soldados franceses lograron escapar de sus enemigos en una flota improvisada de barcos y barquitos que los transportaron hasta la isla. La oprobiosa derrota de las tropas británicas en el continente adquirió, con esa operación, una pátina de heroísmo.

La película tiene de todo. Hay algunas escenas de batallas bien filmadas, pero su nacionalismo es tan ramplón que no pude evitar el trillado recurso de usar el tema principal de las “Variaciones Enigma” de Edward Elgar en los momentos más emotivos de la trama. Otro detalle risible es que los soldados evacuados son recibidos en el puerto con té y galletitas, como si llegaran de visita a casa del párroco. No obstante, Dunkirk ha sido recibida con entusiasmo desbordante por la crítica internacional. He leído que algunos la consideran ya la mejor película del año, por lo que seguramente recibirá muchos premios Óscar.

Si reflexionamos sobre el momento en el que Dunkirk ha sido estrenada, podríamos decir que se trata de la película del Brexit. El mensaje es claro: lo mejor que pueden hacer los británicos es abandonar Europa de manera honorable. Los alemanes son un peligro y los franceses no son dignos de fiar.

Ningún británico puede confiar más que en otro británico. Si eso es lo que ellos piensan, adelante. Yo no soy nadie para criticarlos. Puede ser, incluso, que no les falte algo razón. En todo caso, la decisión de dejar Europa se llevó a cabo mediante un proceso democrático intachable.

guillermo.hurtado@3.80.3.65

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