Netanyahu ¿hasta cuándo?

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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En dos años, Benjamín Netanyahu se convertirá en el primer ministro con más años en el poder en Israel, superando a Ben Gurión, padre fundador del Estado, quien estuviera en el mando por doce años. Cada año, cada escándalo, cada guerra, cada elección hemos pensado que, ahora sí, éste es el fin de Netanyahu, que el público israelí frustrado por la violencia, el aumento del terrorismo, el congelamiento de las conversaciones de paz, el estancamiento de las clases medias, o el aumento de la desigualdad en un país que hace tan sólo dos décadas estaba cerca de convertirse en una democracia exitosa como los países nórdicos, terminaría por darse cuenta que el cambio es necesario.

Sin embargo, elección tras elección, Netanyahu, uno de los políticos más exitosos de nuestra era, ha logrado sobrevivir. Algunas veces aliándose con sus enemigos, a veces formado coaliciones inesperadas, a veces utilizando la importante división étnica entre askenazíes (judíos que provienen de el centro y el Este de Europa ) y Mizrahíes (judíos que provienen del medio oriente) y casi siempre apelando a los miedos de la sociedad israelí, Bibi ha logrado mantenerse en el poder. En la última elección Netanyahu cayó en un bajo histórico, cuando salió públicamente a denunciar que los “árabes”, que son ciudadanos israelíes, estaban saliendo en hordas a votar, como si de enemigos se tratase. De la misma forma que Trump, Le Pen y el Brexit han sabido usar chivos expiatorios para su beneficio político, creando un enemigo imaginario que aterroriza a la población, Netanyahu ha sabido mostrase como el “único líder” capaz de enfrentarse al antisemitismo internacional y al terrorismo islámico ante un gran sector de la población israelí. No importa que el terrorismo y el antisemitismo de hecho hayan crecido durante su mandato, pues Netanyahu ha sabido inteligentemente culpar al mundo externo de varios problemas que su partido ha hecho nada por resolver.

El último mes, el gobierno de Bibi, quien por permanecer en el poder aceptó la coalición más de derecha en la historia de Israel, ha enfrentado una serie escándalos. Rabinos financiados por el Estado han salido públicamente a decir que los homosexuales son “pervertidos, enfermos”; la ministra de cultura dijo públicamente que el gobierno debería controlar el contenido de los canales públicos (como si en China estuvieran); el parlamento canceló los estudios obligatorios de matemáticas e inglés para la población religiosa, que incluso en la actualidad contribuye poco con la economía del país y, por si fuera poco, el propio Netanyahu tiene tres, sí, tres investigaciones en la policía por financiamiento ilícito de su campaña desde el extranjero y regalos ilegales. La repuesta de Netanyahu: no dar más conferencias de prensa en Israel y escribir posts sobre la incitación a la violencia en Palestina. Todo parecería indicar que el juego de Bibi está por acabarse. Sin embargo, cuando nos despertemos, el dinosaurio aún seguirá ahí.

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