Ni una manta

Emociones y decisiones
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Cuando anduve en campaña por la delegación Álvaro Obregón, allá por 2009, fue indispensable implementar muchas acciones para dar a conocer mis propuestas; pero igual de importante fue tratar de que el electorado identificara mi persona. Porque cualquiera que haya hecho campaña en la capital sabe que los medios de comunicación no son el vehículo ideal de propaganda.

Ésos están reservados para quienes buscan la Jefatura de Gobierno, porque, además ni la tele ni la radio distinguen fronteras delegacionales y son sumamente caros para ser contratados. Y los periódicos sirven únicamente para la egoteca y para enviar mensajes a la clase política, no al ciudadano.

Así, pues, un candidato defeño se debe avocar a pintar bardas, pero también se invierte mucho en anuncios espectaculares, carteles en autobuses y muchos, pero muchos regalos, promocionales. En mi caso, se repartieron playeras, cilindros para beber agua, cintas métricas, bolsas para el mercado y un sinfín de artículos con mi nombre y eslogan.

Pusimos mantas y carteles por doquier, mismos que el gobierno delegacional perredista se encargaba de bajar o vandalizar. Mis contrincantes hicieron lo propio con su promoción personal, aunque con mucho más recursos. En el caso del PAN, porque tenían por ley el doble de prerrogativas; y en el caso del PRD, ellos tenía cuatro veces más dinero autorizado. Además, los amarillos contaban con recursos ilegales que normalmente inyectan en sus campañas, provenientes del erario público y de aportaciones por parte de desarrolladores de vivienda y giros negros.

Pero el punto es que sigo sin ver las campañas locales en la calle. Únicamente se sabe que andan buscando el voto por lo que a veces reportan los periódicos y la tele; o por lo que se comparte en redes sociales; pero allá afuera son completamente inexistentes. Hace unos días, hablando con unos candidatos del PRI (pobres, porque no tienen ni media oportunidad), se lamentaban así: “¡No nos han mandado ni una pinche manta!”.

Se referían, por supuesto, a que la campaña del candidato Meade no les ha tirado ni una flor. Todos ellos habían participado, de alguna u otra manera, en la campaña 2012 y concluyeron que los contrastes son abismales. Más allá de que la de Enrique Peña nunca tuvo que relanzar nada, hace seis años, a semanas de que arrancaran formalmente las contiendas, los candidatos locales ya habían recibido contenedores repletos de propaganda.

Y esto es literal; no es broma. Camiones llenos de cuanto artículo promocional se pudiera uno imaginar. Y para rematar, su equipo tuvo la cortesía de enviarle a cada candidato mantas y carteles en donde aparecían fotografiados junto a Peña Nieto (porque se había tomado el tiempo de tomarse fotos con todos y cada uno de ellos).

Así las cosas, sin miedo a equivocarme, puedo decir que la campaña 2018 del PRI nació muerta; y que a la fosa correspondiente irá a parar la mayoría de los candidatos locales. No es culpa de ellos; el partido y el gobierno son los responsables del desastre que viven; y de la resaca que vendrá.