No al Occidente Charlottesville, sí al Occidente Dunkerque

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • juan_ramon_moreno

La Operación Dínamo, a pesar de ser una de las hazañas de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, había permanecido más o menos olvidada en el inconsciente colectivo occidental. Hazaña porque su historia y desenlace nos recuerda que Occidente está fundado en el pilar del liberalismo y que ha habido individuos, líderes y naciones enteras que han estado dispuestos, en distintos momentos, a luchar y entregar su vida por salvaguardar este sistema de valores.

Rápidamente: en mayo de 1940, a menos de un año de comenzada la Segunda Guerra Mundial, las tropas nazis acorralaron a cerca de 400,000 soldados aliados (principalmente ingleses, pero también franceses y belgas) en la costa del norte de Francia, en la ciudad de Dunkerque. Este acontecimiento se daba en un momento en que las potencias europeas estaban conmocionadas por las demostraciones de fuerza y capacidad bélica que hacía Alemania, por su rápido avance y porque, parecía, pronto tendría el control de todo el continente.

La decisión no era sencilla: Inglaterra podía emprender el rescate a estos soldados vía marítima, a través del Canal de la Mancha, pero eso implicaba arriesgar una cantidad importantísima de infraestructura de guerra justo en el momento en que parecía que la necesitarían para defender su propio territorio, cuando los nazis comenzaran a avanzar hacia la Isla. Sin embargo, no rescatar a estos hombres y dejar que los nazis los aprisionaran implicaba bajar la moral de las tropas aliadas, anotarse una derrota monumental y darle un mayor poder de negociación a Hitler si Inglaterra tenía que pactar una rendición condicionada.

Dunkerque, la nueva película de Christopher Nolan, narra esta historia desde la perspectiva de los combatientes aliados, acorralados entre el mar y el fuego enemigo, racionándose la comida y viendo, al otro lado del Canal, la Isla que es su hogar. Tres días en mayo, obra de teatro del dramaturgo inglés Ben Brown, narra la misma historia, pero desde la perspectiva de la alta política: un Winston Churchill romántico y arrojado tarda tres días en convencer a su gabinete de guerra que deben emprender el rescate inmediato de las tropas acorraladas y que de ninguna manera deben pactar una rendición, aunque sea negociada, con los nazis. Su argumento principal es que no pueden permitir que un extranjero venga a amenazar el estilo de vida inglés, fundado sobre el nobilísimo valor de las libertades individuales. Si los alemanes logran entrar a la isla, dice Churchill, será mejor para los ingleses morir peleando en la calle que permitirle al enemigo que les arrebate su libertad.

El caso es que Inglaterra decidió emprender el rescate (la Operación Dínamo). Con una estrategia conjunta en aire y mar, más de cien embarcaciones civiles se unieron a la fuerza naval, evacuando a unos 330,000 soldados (casi ocho veces los 45,000 que se tenía pensado salvar al iniciar la operación). Más aún: bajo el llamado de un líder real (quizás dos: Churchill y el Rey Jorge VI), un imperio se unió con la consigna de defender su forma de vida, su soberanía, su tierra y sus libertades. El Reino Unido nunca se rindió y enfrentó a Alemania hasta que acabó la guerra.

Ojalá que pronto el Occidente de Charlottesville encuentre su camino de regreso hacia el Occidente de Dunkerque, que no ha dejado de existir, pero que a veces se torna lejano. Luego de la Operación Dínamo, Churchill fue tajante en un discurso ante el Parlamento inglés: “defenderemos nuestra Isla, cueste lo que cueste”. Ojalá que los herederos del liberalismo entiendan la magnitud de su deber y no permitan que grupos radicales, bajo la omisión de un Presidente vil, erosionen ese sistema de valores que sus abuelos estuvieron dispuestos a defender con la vida.

Twitter: @Jota__Erre