Jueves 3.12.2020 - 13:25

No quieren democracia, pero lo otro es populismo

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Es preocupante el informe 2016-17 presentado esta semana por AmericasBarometer: el respaldo a la democracia en Latinoamérica bajó a 57.8 por ciento, en relación con el 66.4 por ciento registrado en 2014.

La opinión generalizada es que la democracia no funciona y que política es sinónimo de corrupción; mientras el 20.5 por ciento aprueba que el Ejecutivo disuelva el Congreso para gobernar sin los controles establecidos en la Constitución.

Para entender lo que desea la quinta parte de los encuestados por AmericasBarometer, el ejemplo más cercano es la Venezuela aplastada por el populismo de Hugo Chávez desde 1999.

Cuando Chávez instauró el Socialismo del Siglo 21, lo primero que hizo fue cambiar la Constitución para reelegirse de por vida y, antes de morir en 2013, ya tenía sometidas a las empresas públicas y privadas, la justicia, la prensa, el poder electoral, el Ejército…

Ya Venezuela estaba destruida, pese a que cuando Chávez ganó las elecciones, era el país potencialmente más rico del mundo, con las reservas petroleras más grandes del planeta: a su muerte, el país ya estaba empobrecido, con un déficit fiscal cercano al 18 por ciento del PIB.

Lo único diferente que hizo su sucesor, Nicolás Maduro, fue ordenar al Ejército y la policía política asesinar, en mayo pasado, a más de cien opositores a tiros en las calles, encarcelar sin juicio a los opositores y hacer otra Constituyente para eliminar las elecciones libres.

Pero a la muerte de Chávez, Venezuela ya había cancelado sus aspiraciones democráticas, basada en el control electoral, expropiaciones de empresas privadas nacionales y extranjeras y chantaje a los trabajadores del Estado, que hasta entonces aumentaron de 800 mil a 2.4 millones.

El populismo de Chávez dividió para siempre a Venezuela con campañas de odio entre “oligarcas” y “escuálidos”, quienes tenían la culpa de todos los males del país, y el “pueblo”, que había sido oprimido siempre por los “oligarcas” y “escuálidos”.

La nación del Socialismo del Siglo 21 gastó un billón de dólares: más dinero (sólo de 1999 a la muerte de Chávez) de lo que recibió en sus primeros 175 años de independencia, sin control de transparencia alguno, ocupando el puesto 165 de 174 de los países más corruptos del mundo.

La iniciativa privada está extinguida, la inflación es de 200 por ciento y la caída del PIB es del 10 por ciento, sólo superada por Siria (en guerra) y Sierra Leona (destrozada por la epidemia de ébola).

Sí, AmericasBarometer tiene razón en que hoy corrupción es sinónimo de política. Pero esto se puede resolver con la democracia y la incidencia que permite a la sociedad civil.

En cambio, el populismo es el fin de toda aspiración a la libertad.