Obesidad: la epidemia silenciosa y mortal que acecha a Mexico

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Por:

Dr. Fernando Enrique Mayans Canabal

La obesidad en México es un tema muy complejo, amplio e infinito que obviamente se enmarca en el rubro de la pobreza.

México es un país pobre y eso nos lleva a tener problemas de salud pública severos, así como problemas de desnutrición y enfermedades crónico-degenerativas, diabetes e hipertensión; y todo ello nos remite por supuesto

a la obesidad.

El pueblo ha cambiado su cultura culinaria. He dicho muchas veces en el Senado de la República —y parece como algo repetitivo—, que las y los mexicanos comen lo que pueden y no lo que quieren; por ende ya no comemos nuestros tacos, nuestro mondongo, nuestro pozole, sino que hoy con los grandes emporios trasnacionales y comerciales, comemos hamburguesas, hot dogs, hot cakes.

Ése es el problema de la obesidad que tenemos que contrarrestar y que obviamente nos conduce a enfermedades que los sistemas de salud no pueden combatir pues son insuficientes y ahí están las cifras.

En México hay 48 millones de jóvenes mayores de 20 años obesos, aproximadamente 6.3 millones de adolescentes y 5.7 millones de niños con el mismo problema de salud; no por nada destacamos entre los primeros lugares del mundo en obesidad de acuerdo con la FAO; y, por si esto fuera poco, somos el único país latinoamericano que registra una tendencia regresiva en reducción de la pobreza, según la OCDE.

La Organización Mundial de la Salud señaló que en el mundo hay más de 347 millones de personas con diabetes, un padecimiento generalmente acompañado de la obesidad que sufren más de mil millones de personas del orbe; y se estima que un alto registro de éstas vive en los países de ingresos bajos y medios, como México, donde aproximadamente se invierte en dicha enfermedad el 15% del gasto total en salud para el país.

Más allá de las alarmantes estadísticas que evidencian el tamaño del problema, lo preocupante es el tipo de supuestas soluciones que se plantean instituciones de salud gubernamentales, que además de las deficientes condiciones de atención que ofrecen, sólo atinan a recomendar dieta, ejercicio físico, revisión médica periódica, entre otras cosas que, si bien son indispensables, no atacan la realidad impuesta a los más de 54 millones de pobres en el país, que sacian su hambre con azúcares y grasas a la mano en sus rutinas diarias.

El pueblo de México no aguanta más, necesita soluciones de fondo cuyo eje de la acción sea la calidad de vida de los mexicanos. Esto pasa por un cambio de modelos económico, educativo y social que abran paso a mejores formas de alimentación, salud, cultura, desarrollo físico y transformen esa cotidianeidad retratada lamentablemente en el consumo de comida chatarra.

La obesidad en México usualmente no es sinónimo de comer mucho, pero sí  de comer mal; y detrás del malcomer de la mayoría de los mexicanos no está la voluntad ni conciencia del ciudadano sobre este hecho, sino una realidad que urge cambiar. Senador de la República

Twitter: @SenadorMayans