Oscar: política, racismo, arte y viva México

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No es ninguna novedad que la entrega de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos sea, además de un evento para reconocer a lo mejor de la industria (fundamentalmente de ese país), también una plataforma extraordinaria para posicionar distintos mensajes políticos y sociales. Este año no sólo no fue la excepción, sino que tales mensajes fueron particularmente relevantes y variados.

Los Oscar blancos. Desde que se dieron a conocer las nominaciones en las principales categorías, en las que no fue incluido nadie de raza negra, empezó una suerte de boicot a la ceremonia de este año, ante lo cual uno piensa en el absurdo de pretender incorporar en las nominaciones —o premiar— a actores que no hayan sido votados, por el sólo mérito compensatorio del color de la piel. Una especie de “acción afirmativa” artística. Absurdo. Ante tal crisis, los productores del programa —que no son los mismos que votan para integrar las nominaciones y entregar los premios— decidieron hacer frente al sainete: trataron el asunto con dosis intercaladas de seriedad y sarcasmo, al tiempo que incluyeron como presentadores de las distintas categorías a una clarísima sobrerrepresentación de personajes ilustres de la industria de raza negra.

Banderas político-sociales. Hubo para muchas causas: se habló de protección al ambiente, de víctimas de violencia, bullying y abuso sexual, de equidad de género, de diversidad, por supuesto de racismo, y hasta se recolectó en plena ceremonia dinero para girl scouts. De manera sorpresiva, apareció en el escenario el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, cuya función fue anunciar a Lady Gaga para interpretar uno de los temas nominados a Mejor Canción del año, cuyo tema se relacionaba con el bullying y los graves efectos que éste ocasiona en los niños y adolescentes. Biden hizo un llamado para actuar en contra de esa tendencia, que busca convertir en víctimas de distintos tipos de abuso a niños y jóvenes que lo sufren sin tener de ello ninguna culpa, lo cual se ha vuelto un verdadero problema cultural en ese país (por desgracia, también en el nuestro). Y para aquellos malpensados que creen que todo está arreglado en la entrega de los Oscar, seguramente el propio vicepresidente fue el más sorprendido de ir a respaldar una canción que ni siquiera ganó. Eso sí: en la que representó la última entrega de los premios durante la administración Obama, Biden aprovechó para lanzar un mensaje de respeto y tolerancia, un sesgo demócrata muy conveniente ante el avance del impresentable Trump en la interna republicana.

Iñárritu y Lubezki. Por tercer año consecutivo, considerando el que ganó Alfonso Cuarón por Gravity en 2014, directores mexicanos ganan su Oscar. Alejandro G. Iñárritu —como se le suele conocer a últimas fechas— ganó por segundo año consecutivo el premio a Mejor Director, lo cual lo pone en el mismo pedestal que a John Ford —Viñas de ira (1940) y Qué verde era mi valle (1941)— y Joseph L. Mankiewicz —Carta a tres esposas (1949) y All About Eve, incomprensiblemente traducida en México como La malvada (1950)—. Y por esas mismas películas, por tercer año consecutivo, Emmanuel Lubezki gana como Director de Fotografía.

Mejor película. Se rompió un patrón que solía ser bastante regular (y lógico): la película que obtenía más nominaciones se llevaba el premio a la Mejor Melícula. La más nominada en esta ocasión fue The Revenant (12), y la que terminó llevándose más premios fue Mad Max (6). Para muchos, el premio a la mejor película se lo debe llevar alguna gran producción, con una sólida historia y grandes actuaciones, que sería el caso de las dos mencionadas. Pero no: terminó ganando Spotlight, que adicionalmente sólo se llevó el Oscar al Guión Original. Suficiente. A pesar de lo extraño de la decisión, personalmente no podría estar más de acuerdo: la precisión narrativa, aunada al talento del elenco actoral (en su conjunto), dan lugar a uno de los relatos más sólidos y convincentes sobre los abusos cometidos por sacerdotes pederastas en la diócesis de Boston.

hvives@itam.mx
Twitter:
@HVivesSegl

Horacio Vives Segl

Horacio Vives Segl

Licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano (Buenos Aires, Argentina). Profesor y director del Centro de Estudios Alonso Lujambio en el Departamento Académico de Ciencia Política del ITAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Autor de diversos libros y artículos sobre elecciones, política latinoamericana y política mexicana, publicados en medios académicos y de divulgación en México y en el extranjero. Analista político.
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