Viernes 4.12.2020 - 20:08

Oskar Kokoschka: despreciado por su musa

Paul Cézanne: su contribución a las neurociencias
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Pöchlarn, Austria, 1886.— La humilde familia de orfebres Kokoschka espera la llegada de su bebé. Cuando la madre está en parto se desata un gran incendio en la villa y lo interpretan como el nacimiento de un “iluminado”, le hacen creer que su mirada le permite ver el aura que los hombres proyectan en el espacio, a partir de esto el pintor siempre se regirá por los presagios.

Estudió en la Escuela de Artes de Viena donde se graduó. Cuando Klimt vio su obra dijo: “es el mayor talento de las nuevas generaciones”. Representante del Expresionismo pronto se le consideró “artista maldito”, pintaba la suciedad del alma con un estilo que parecía una mezcla de arte salvaje, feria rural y museo etnográfico.

A su llegada a Viena (26) se rapó para verse diferente. La vida para él era un intenso combate entre la mente y los órganos genitales en el que el sexo siempre salía vencedor, por eso lo llamaban El Freud de los pintores.

Conoció a Alma Mahler en la casa de su padrastro, al que Kokoschka iba a pintar, ella 32 años, recién viuda del genio musical. El pintor se enamora de inmediato y le envía una carta en la que le pide que fuera su mujer en secreto, mientras él superaba la pobreza, para salvarlo de la locura sexual que padecía y que temía lo acabaría por destruir.

Ella aceptó y se volvieron los amantes más descarados de la época, tenían sexo en las salas de exposiciones, de conciertos, en reuniones, con un amor posesivo, celoso y atormentado. Desesperado por casarse con ella, quien le condicionó el matrimonio a pintar su obra maestra. Él lo hizo realizando La Novia del Viento, donde aparecen los dos, ella plena, desnuda envuelta entre sábanas, él mirando al vacío con actitud de soledad.

Poco después Alma quedó embarazada y se provocó un aborto. De esta forma él comprendió que jamás se casaría con él.

Al perder a su musa mandó a hacer una muñeca con las características exactas a ella, la vistió con la mejor ropa y la maquilló, empezó a llevarla a la ópera y a cenar causando sorpresa en todos los que lo veían, finalmente en una fiesta la apuñaló y dio por terminado el duelo del amor de su vida.

Por las ideas con las que fue educado desarrolló un trastorno esquizotípico de la personalidad, en el que existe pensamiento mágico que influye en su conducta, pues se unen experiencias perceptuales inusuales con conductas excéntricas y peculiares y desconfianza de su entorno, autores recientes como Claridge y cols. (2008) afirman que son rasgos psicóticos que se integran como una parte esencialmente sana de la personalidad, que puede llevar a que se adapten y contribuyan en variantes psicológicas de la creatividad. Se pueden enriquecer con sus creencias y experiencias místicas y espirituales. Cuando hay problemas de adaptación el tratamiento que se utiliza es con fármacos antipsicóticos y psicoterapia. En Kokoschka el diagnóstico es la unión de la locura y la genialidad, decía ver el aura de las personas que retrataba y aseguraba predecir la vida que tendrían, lo que hacía que los retratados no siempre quedaran a gusto con el resultado, pues sus cuadros eran modelos resquebrajados de la realidad.

Incomprendido en vida, su influencia ha crecido con el tiempo siendo de los pintores más importantes del siglo XX.

Fue perseguido por los nazis por considerarlo un “degenerado”, en su huida llegó a Praga donde conoció a Olda Palkovská, una jurista 30 años menor que él, ella lo ayudó a escapar de la persecución y en 1938 consiguió llevarlo a Inglaterra, se casaron años después y fue su compañera por el resto de su vida, en su viudez cuidó y donó su obra a los más importantes museos del mundo.

Kokoschka muere en 1980 a los 94 años. Está sepultado en el cementerio de Clarens, Suiza.

En sus palabras: “Cuando tú eres soy yo. Si te alejas de mí volveré a ser nadie”.

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