Periodistas asesinados: la fria verdad

Periodistas asesinados: la fría verdad
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México, ya se sabe, se volvió un lugar peligroso. En el caso del periodismo hay, sin embargo, una imagen algo distorsionada de lo que está ocurriendo.

En este año nueve periodistas han sido asesinados. Hay un componente común en todos los casos según las indagatorias: ninguno murió por su trabajo periodístico esto es, a nadie mataron por revelar alguna información o por poseerla.

Siete casos son investigados por procuradurías estatales y otros dos por la Procuraduría General de la República.

La mayoría de los homicidios tienen el componente de lo pasional, en el que se mezclan venganzas personales y cuentas pendientes.

En otros, la minoría, el móvil del crimen es el dinero, la extorsión o los tratos con grupos criminales y hasta el asalto.

En cinco de los casos se tiene identificado o consignado a los asesinos.

El tema me parece interesante porque revela varias cosas. La primera es que el gremio periodístico está sujeto a la violencia como los demás sectores de la sociedad. No hay, al menos por lo que se desprende de estas pesquisas, que deben ser probadas ante el juez, un componente de ataque sistemático u organizado en contra de la libertad de expresión.

En dos de los casos ya hay detenidos y en igual número se tiene identificados a los responsables y se les está buscando, en los otros cinco casos se tiene una idea clara del entorno en el que ocurrieron los homicidios.

La relevancia de los crímenes tuvo que ver más con el gremio al que pertenecen las víctimas, que con el seguimiento puntual de la historia. Todo hecho criminal es reprobable, pero establecer los móviles se vuelve indispensable para tener un panorama claro de lo que está ocurriendo en realidad.

Tampoco es que estemos para celebrar. Hay cada día más evidencias sobre las dificultades para cubrir los temas relacionados con el crimen organizado. Las amenazas contra colegas, sobre todo en el norte del país, es algo que no se puede negar. Mucho menos podemos voltear la vista para olvidar a los reporteros desaparecidos, algunos desde hace años. Ahí sí hay una historia todavía más terrible.

La CNDH ha alertado sobre la persistencia de la impunidad y sobre los roces, cada vez más frecuentes, entre las autoridades policiacas y los reporteros y del aumento de las quejas por malos tratos.

Las cifras son frías, es verdad, pero nos cuentan una historia que no podemos dejar de lado. El periodismo es una labor difícil, pero tampoco estamos como en Venezuela o Bolivia, donde sí existe una andanada de los gobiernos contra las libertades públicas y en particular contra la de expresión.

juljard@yahoo.com.mx

fdm