Viernes 14.08.2020 - 05:15

Podra Podemos

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Valeria López

¡Oh, la novedad! ¡Tan atrayente que nos obliga a voltear la mirada hacia ella! El olor a nuevo nos fascina, genera ansiedad por poseerlo, por dominarlo. Todo lo que gira a su alrededor parece inimaginado, impensado: la promesa de que las cosas pueden ser diferentes nos deja a merced de la envoltura, del oropel. Pero, me pesa decirlo, no hay novedad inmaculada; y menos en política.

Las próximas elecciones en España incorporan la participación del novedoso partido de izquierda Podemos. El Partido Popular, por su parte, tiembla, pues las encuestas anticipan el triunfo de Podemos en Madrid; el PSOE, el tradicional partido de izquierda español, se vislumbra como tercera fuerza. Al PSOE se le aguadó el discurso; se convirtió en una izquierda deslavada, ya no roja sino rosa mexicano —como la nuestra.

Podemos ha traído, sin duda, frescura a la anquilosada discusión política española. Los dos partidos hegemónicos se habían visto enlodados por la mancha indeleble de la corrupción. Por su parte los partidos menores, como Izquierda Unida o Ciudadanos, no terminaban por despegar: sus alas no estaban hechas para grandes vuelos.

Y entonces, Podemos. Un partido marcadamente de izquierda, con solvencia discursiva y capital intelectual pues, nos guste o no, los dirigentes más visibles — Pablo Iglesias e Iñigo Herrejón— han elevado el nivel de la discusión política ibérica que vivía de descalificaciones y lamentables tomatazos.

Creo que esto fue lo primero que gustó a la ciudadanía: mentes frescas, ideas comprometidas, trato respetuoso cargado de frases lapidarias.

Un segundo componente fue la estrategia de manos limpias: políticos austeros en una España en crisis, sin pasado corrupto. En un país con 25% de la población desempleado era más o menos sencillo imaginar que los días de los trajes Hugo Boss en estilizadas siluetas de abs toner habían terminado.

El tercer y último componente fue la constante exposición mediática.

Podemos es, sin duda, el caso mejor logrado de teledemocracia.

Sin embargo, hay algo que Podemos no puede explicar y que ha eludido durante toda la campaña: sus vínculos con el indecente gobierno de Nicolás Maduro, con un gobierno que encarcela a sus opositores. Y ahí no hay manera de ayudarlos: no hablamos de posiciones de economía política sino de hacer negocios con un gobierno que no respeta los derechos humanos. Y eso es, simplemente, inadmisible.

A pesar de esto, apuesto por el triunfo electoral de Podemos. Pero no puedo anticipar que sepa ser gobierno; la novedad no dura más que el instante y para construir se exigen largas horas, semanas, años. La pura frescura no es suficiente para competir con la experiencia de sus opositores; el hambre no vence a la pericia.

Deseo que el destino de Podemos no termine como el verso de López Velarde: Y pensar que pudimos...

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