Política monetaria al tope

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Por:
  • arturov-columnista

El 10 de agosto pasado, el Banco de México decidió mantener la tasa de política en 7.0%. En este espacio ya habíamos comentado que era muy probable un freno a los incrementos a la tasa de interés. Ahora, frente a balances más equilibrados de riesgos inflacionarios y de crecimiento económico y ante el fin del periodo de aumentos en las tasas, habrá que esperar que las políticas monetaria y fiscal surtan efecto para bajar la inflación.

Hace dos meses los balances de riesgos del banco central apuntaban un sesgo más acentuado a la baja en las expectativas de crecimiento, en tanto que los riesgos inflacionarios se percibían más equilibrados. Ahora bien ¿qué cambió en dos meses? Principalmente, en lo referente al balance de riesgos sobre el crecimiento económico, el banco central a través de su comunicado mostró un tono ligeramente más optimista, en la medida que considera que el desempeño de la economía mexicana ha sido ligeramente mejor al esperado durante el segundo trimestre del año.

Por otro lado, prevalece el ambiente de mayor inflación. En julio, la inflación general avanzó a una tasa anual de 6.44% desde 6.16% en mayo. Incluso, la inflación subyacente –el indicador que sirve para analizar mejor la tendencia de largo plazo de la inflación- también se incrementó desde 4.78% en mayo a 4.94% en julio.

Bajo estas premisas el lector podría preguntarse ¿cómo es que bajo un ambiente de mayor inflación y un crecimiento económico más próspero respecto al esperado, la Junta de Gobierno de Banxico mantiene por unanimidad el nivel de la tasa de interés? ¿Acaso no debió haber promovido un incremento para atacar la inflación?

Banco de México da dos razones de peso para justificar su quehacer de política monetaria. En primer lugar, califica el crecimiento con un sesgo claramente no inflacionario. El mejor desempeño responde en el margen a la mayor actividad exportadora, mientras que el consumo y la inversión no dan visos de mejoría. Por ello, Banxico argumenta la ausencia de presiones inflacionarias por el lado de la demanda agregada.

En segundo término, el banco central hace referencia a los mercados financieros y su desempeño favorable para el mercado mexicano, particularmente en la tendencia del tipo de cambio a depreciarse, lo cual se complementa con el hecho de que los diferenciales de tasas de interés entre México y Estados Unidos se han mantenido estables y en niveles altos.

A estos dos argumentos se suma una perspectiva de inflación bastante favorable. Banxico supone que el crecimiento anual de la inflación está próximo a alcanzar su techo, para posteriormente entrar en una zona de franca desaceleración, reforzando incluso su expectativa de que la inflación alcanzará un avance de sólo 3.0% al final del 2018.

Muy probablemente bajo esta expectativa subyace el supuesto del banco central de que los principales impulsores de la inflación en este año —incrementos en los energéticos, la depreciación cambiaria, el incremento al salario mínimo y, recientemente, el aumento de algunos productos agropecuarios—, derivan sólo en un cambio en precios relativos; y por lo tanto, no se registran “efectos de segundo orden” (dinámica de los precios al alza sin justificación) en el proceso de formación de precios.

Si bien este diagnóstico puede ser correcto (por tanto, es posible la drástica caída de la inflación esperada por el banco central), no hay evidencia suficiente de que no se generen los llamados “efectos de segundo orden”, además de que el consenso de la Encuesta Citibanamex señala escepticismo de los analistas respecto al pronóstico oficial de inflación para finales del 2018 al ubicarse en 3.8% con un alto grado de variabilidad (desviación estándar de 0.4 puntos porcentuales).

avieyra@banamex.com

Twitter: @ArturoVieyraF