Miércoles 21.10.2020 - 22:46

Política y dinero

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Toda política —entendida como acción consciente para transformar relaciones de poder dentro de un orden social— supone condiciones materiales para su concreción. Y eso aplica tanto al cabildeo para cambiar, en democracia, una política pública como al activismo dirigido a expandir la ciudadanía bajo un régimen autocrático. De modo que hablar de realpolitk en Cuba pasa por desmitificar, entre muchos otros, este tema central en la propaganda oficial.

El gobierno cubano desacredita a sus oponentes internos presentándolos como mercenarios. Invoca para ello la recepción por éstos de ayuda procedente de agencias gubernamentales y ONG de EU y Europa. Y usa para ello argumentos tan falaces, que sólo se sostienen por la repetición amplificada —e incontestada— en entornos afines al discurso de La Habana.

Partamos de reconocer que la condición de disidente, así como sus costos personales/legales, a menudo precede y trasciende a la recepción de un grant o la visita a una embajada. Si tus ideas u opiniones te vuelven incómodo al poder, éste te aniquila cívicamente —con pérdida de empleo, vigilancia barrial y presiones al entorno familiar—antes de que milites en un grupo opositor. Le ha pasado, por medio siglo, a miles de artistas, científicos, ciudadanos de a pie. Te crean un pasado en la CIA incluso si crees tu derecho usar la legalidad revolucionaria para cambiar, como dijo Fidel Castro, “todo lo que debe ser cambiado”.

La partera de la disidencia es, pues, la condición totalitaria, y no el dinero que apoya a activistas asediados, por un Estado autoritario que controla las arcas públicas, amaestra la cooperación extranjera y exprime el bolsillo de su población.

Hay que demostrar que la procedencia de los recursos condiciona, mecánicamente, la agenda. Cuando una parte de los opositores cuestiona la política de acercamiento de EU, ¿se le podrá acusar de simples marionetas? ¿Qué pasa con la plata de fundaciones emblemáticas del establishment gringo que fluye hoy hacia organizaciones (para)estatales cubanas y altos personeros del gobierno? ¿Vivirán éstos con un chip de pureza y lealtad —y una legislación/legitimidad— distinto a del resto de los cubanos?

En Cuba el mejor modo de reducir la presencia del dinero foráneo destinado al activismo independiente es la democratización. Eliminar el control policial a la organización autónoma de los ciudadanos favorecería la regulación democrática del uso de recursos públicos y privados en la política. En democracia hay agendas abiertas, transparentes y rivales, que ponen en juego los recursos del dinero y del poder. En dictadura, la plata y las pistolas suelen estar concentradas en las mismas y pocas manos.