Por los caídos

Emociones y decisiones
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Estaba por continuar escribiendo sobre el acontecer político, cuando leí la noticia de dos policías que fueron asesinados en el cumplimiento de su deber. Al ver las imágenes de la ceremonia luctuosa se me partió el corazón. Y es que cuando suceden estas cosas, es menester hacer un alto en el camino para comprender el tamaño del reto que tenemos como sociedad.

Margarita Rivera llevaba 17 años como policía y estaba adscrita a la vigilancia de la Central de Abastos. Su asesino le disparó después de cometer un robo en un negocio del lugar. Ella era el único sostén de su familia; madre soltera de la que dependían tres hijos menores.

Fue desgarrador ver a los jovencitos llorar desconsolados mientras sostenían una fotografía de su madre vistiendo el uniforme de la corporación policiaca. Pero para el malandro, la vida de Margarita no tenía ningún valor; lo único que le importó fue el maldito dinero, seguramente para alimentar sus vicios.

Iván Luna Hernández llevaba 7 años en el agrupamiento Fuerza de Tarea. Murió en un enfrentamiento, durante un operativo antidrogas. Se fue, dejando a 5 niños pequeños, a quienes su viuda tendrá que educar y alimentar sola. Lo que les quedará será, desde luego, el fondo de ayuda, el seguro y otros apoyos a los que tienen derecho; pero los hijos nunca más volverán a abrazar a estos padres ejemplares.

No estamos en ningún país escandinavo y padecemos los efectos de una sociedad compleja, donde la crueldad, la marginación y un Estado de Derecho endeble han hecho que todo se haya salido de control.

La violencia ha ido en aumento, a la vez que el poder de fuego y económico de los delincuentes. Por si fuera poco, existe toda una cultura de apología del crimen. Ahí tenemos a Epigmenio y a Kate, haciendo serie tras serie sobre narcos atractivos y su supuesto estilo de vida glamoroso.

O basta con mirar 10 minutos el canal Bandamax para percatarse hasta dónde ha llegado la cultura del narco. Desde luego, la solución no está en la censura, sino en la educación y en el equilibrio de la oferta informativa y de entretenimiento. Sin embargo, tenemos por ahí a un candidato puntero, que quiere echar por la borda la Reforma Educativa y quien, además, pretende darle amnistía a los delincuentes.

No estamos en el mejor de los mundos. Han sido muchos años de negligencia, de políticas equivocadas, de dineros tirados a la basura y de vidas valiosas que han sido sesgadas por el crimen. Pero no, no se crean ese cuento de los muertos por culpa de la “Guerra de Calderón”. Noventa y cinco por ciento de esas muertes se dieron entre esas bandas de salvajes criminales.

Debemos combatir al crimen con toda la fuerza del Estado, pero con mejor capacitación, tecnología e inteligencia. Y a la sociedad debemos educarla mucho; y, sobre todo, hacerla partícipe del dolor de perder a personas tan valiosas como estos policías, que dieron su vida por nosotros.