PRI ciudadano y PRI de Estado

Indignación y transformación
Por:
  • guillermoh-columnista

La semana anterior el PRI nos mostró dos caras. Una, la más amable, fue la del discurso de José Antonio Meade, candidato ciudadano a la Presidencia de la República por el PRI, en la ceremonia por el aniversario de ese instituto político. La otra, chocante, fue la de sus operaciones desde la PGR para sugerir que Ricardo Anaya, candidato de la coalición Por México al Frente, ha sido cómplice de actos delictivos.

El PRI de la cara amable es el PRI que queremos en el presente. Un partido que sostiene que México es un país de instituciones. El PRI de la cara chocante es el PRI que conocemos del pasado. Un partido que se aprovecha de las instituciones para sus fines políticos.

Mientras no resuelva su contradicción interna, el PRI no puede esperar que el día de la elección las mayorías lo apoyen con su voto. Cuando el ciudadano se enfrente a la boleta tendrá que preguntarse: ¿Cuál PRI es el que voy a elegir si dibujo una equis sobre su emblema?, ¿el PRI del rostro amable de José Antonio Meade?, ¿o el PRI del rostro chocante de los llamados dinosaurios y de sus cachorros?

Los mexicanos le dimos al PRI una segunda oportunidad en 2012. Muchos pensaron que eso no iba a suceder jamás. Sin embargo, lo que se mostró entonces es que a pesar de haber estado doce años fuera de Los Pinos, el PRI seguía estando en lo más hondo del imaginario político nacional.

Hay gente que quiere creer en un nuevo PRI, en el PRI de la cara amable, en el PRI de José Antonio Meade. Sin embargo, el PRI puede ser su peor enemigo si insiste en operar por debajo del agua para utilizar las estructuras del Estado en su beneficio.

No parece sencillo que José Antonio Meade sea capaz de ganar la elección presidencial. Tiene que subir por una cuesta empinada. Eso no significa, de ninguna manera, que su triunfo sea imposible. Sería un gravísimo error darlo por derrotado desde ahora. Pero para vencer en la carrera, José Antonio Meade tendrá que ofrecer un imagen pública más directa, más sincera, más fresca, una imagen que no parezca la hechura de una oficina de publicidad. Me da la impresión de que todavía no hemos visto y oído al verdadero candidato, que su verdadera campaña todavía no empieza.

Si José Antonio Meade pretende que le creamos que es el candidato de un nuevo PRI, el escenario en el que se mueve no puede ser el mismo. No puede decirnos que es un candidato ciudadano y, al mismo tiempo, hacerse de la vista gorda de la utilización de las estructuras del Estado para golpear la campaña de Ricardo Anaya. Para que le creamos, José Antonio Meade tendrá que responder como un ciudadano de altura, no como un político del montón.