PRI: la politica es la lucha de las ideas

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Salvador del Río

Todas las desgracias de

los hombres provienen

de no hablar claro

Albert Camus

Cuando, en 1929, el general Plutarco Elías Calles, el hombre fuerte de la Revolución, logró la formación  del Partido Nacional Revolucionario (PNR), terminaba una etapa de sacudimientos políticos y armados en los que el poder se disputaba y se repartía entre facciones. Era el fin de la época de los caudillos; nacía, junto con otras instituciones, la de los partidos políticos modernos.

Más de ochenta años después de esa transformación, el interés y la expectación en torno a la participación de los partidos políticos confirman la razón de su existencia como instrumentos para la convivencia civilizada en la pluralidad

de la sociedad.

Transformado en Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y luego en el actual Revolucionario Institucional, el PRI, ese partido que permaneció durante más de setenta años como el único del que surgieron las generaciones de gobernantes, al grado de que la designación de su candidato a la presidencia de la República —cuya designación es prerrogativa del presidente en turno— fue siempre considerado y aceptado como el seguro sucesor en la primera magistratura.

El PRI de hoy, puede decirse, no es el creado en 1929, pero es a la vez el mismo. Es distinto a aquél porque después de doce años en la oposición, en su retorno al poder ya no es el partidazo invencible, pero su peso específico, su unidad en torno a la idea primigenia de su creación le dan un sitio relevante en la vida pública del país.

Con la definición de quién será el próximo presidente del PRI en los próximos cuatro años, una decisión que indiscutiblemente correspondió al presidente de la República surgido de sus filas, el partido da una vez una muestra de congruencia con la realidad y el pragmatismo que a través de los años le han permitido mantener esa preponderancia sobre otras formaciones políticas.

Coinciden con la decisión para la renovación de la dirigencia priista cambios en otros partidos que definirán la composición del tablero político para los comicios del año próximo con 12 gubernaturas en juego, y también para el horizonte 2018, cuando se decida la sucesión presidencial. Acción Nacional nombrará en breve a un nuevo presidente de su Comité Ejecutivo y se contempla la posibilidad de que también en el de la Revolución Democrática se dé la renovación de su dirigencia.

En medio de la expectación que estos cambios producen, el PRI se mantiene como la primera fuerza política. Esa circunstancia, sin embargo, no le garantiza el triunfo en las contiendas electorales que se avecinan. En todo caso —y en ello se demuestra la capacidad de adaptación a las transformaciones del país—, el PRI competirá con las oposiciones con las que a través del tiempo y dos derrotas consecutivas aprendió a convivir.

Con la pluralidad surgida de las reformas que abrieron la puerta a la oposición, promovidas y consumadas precisamente por los gobiernos del PRI, se pone de manifiesto la falsedad de las tesis según las cuales las ideologías han llegado a su fin en el mundo porque son una rémora para la evolución de la sociedad. La existencia de los partidos lo demuestra. En la diversidad de opiniones, de puntos de vista, de perspectivas y enfoques según los principios ideológicos y las tendencias de cada corriente que representan los partidos, está la verdadera lucha de las ideas que se plasman en propósitos y en formas de gobernar.

La supervivencia del PRI, creado como expresión de una idea en 1929, pero también la presencia cada vez más fuerte, de otras corrientes políticas —ideológicas y de principios— confirma la necesidad de que los partidos políticos sobrevivan al escepticismo y el desencanto que les niegan su valor.

 Gazapos. En el lenguaje de la política y de las finanzas aparecen de pronto eufemismos con los que se pretende ocultar la realidad o absurdos idiomáticos que se ponen en boga.  Crecimiento negativo se quiere llamar al retroceso en las estadísticas de un sector de la economía. Es un decrecimiento, pues crecer, obviamente, no puede ser un hecho contrario.

“La cotización del dólar va a la alza”, se dice. Pero las reglas del idioma y su práctica misma, permiten el empleo de la contracción al para evitar la cacofonía. Son los casos de palabras que comienzan con la primera vocal, cuyo artículo se cambia a masculino aunque sean del género femenino: el azúcar y no la azúcar; el agua y no la agua, etcétera.

srio28@prodigy.net.mx