Prohibir Uber

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Manuel López San Martín

En las últimas fechas, las agresiones de grupos de taxistas hacia usuarios de la aplicación Uber —un servicio de conductor privado— han aumentado. También han ido al alza las manifestaciones de grupos de choferes de taxi —clientelares, la gran mayoría— que exigen a las autoridades suspender el servicio.

Y más aún, hay ya una posición pública y oficial del secretario de Movilidad del DF, Rufino H. León Tovar, en el sentido de que Uber es “ilegal, debido a que presta servicios de transporte público sin una concesión”.

Apenas la semana pasada señaló que la dependencia a su cargo ha iniciado siete denuncias ante el Ministerio Público por el delito de transportación ilegal de pasajeros, en el que supuestamente caerían empresas como Uber.

El secretario de Movilidad parte de una premisa equivocada: Uber no es un servicio de transporte público, sino privado. Y no se trata de victimizar a unos —usuarios de Uber— y satanizar a otros —taxistas—, sino de que en una ciudad de libertades cada quien pueda desempeñar su labor. Tan legítimo quien decide prestar su automóvil —y su tiempo— para un servicio de transporte privado, como quien defiende su fuente de empleo y los impuestos que paga para desarrollar una función de transporte público.

El problema radica en la falta de legislación que, por comodidad, las autoridades parecen solapar e incluso alimentar. Quienes señalan a Uber como quien llegó a poner el desorden en las calles y el transporte, parecen olvidar que el caos y la mala calidad en servicio público de transporte, llevan años ahí. El DF tiene décadas de anarquía en su transporte.

Hoy los usuarios de taxis en la capital —y habría que agregar a los de microbuses, también— se juegan un volado cada que hacen la parada. ¿Cómo identificar a un taxi legal —que paga tarjetón, revista, placas, etc.— de uno pirata, que no sólo no cumple con la legislación, sino en cuyo interior puede ocurrir cualquier cosa (mil 349 asaltos a bordo de taxi y microbús fueron denunciados en la ciudad en 2014, de acuerdo con la SSP-DF).

Uber, pues, tiene éxito no sólo por su modelo de negocio —que resulta atractivo lo mismo para usuarios que para quienes manejan y utilizan sus vehículos—, sino porque la calidad del transporte público es deficiente y peligroso. Eso no es nuevo, insisto. Desde hace años, ante la mala regulación, los pasajeros están a merced de un buen chofer, de un taxímetro no alterado, de vehículos que no tienen seguro, de automóviles en condiciones deplorables y un rosario más de etcéteras.

Con Uber pasa exactamente lo contrario. El usuario que sube a un coche a través de la aplicación sabe, no sólo quién maneja —y tiene la certeza de que aprobó exámenes de control y confianza—, sino incluso cuánto pagará por su viaje. Además, puede tener la seguridad de que el vehículo está en buenas condiciones, tiene seguro y —pequeño detalle— no tiene riesgo alguno de ser asaltado por el chofer, pues no se maneja efectivo. Por si fuera poco, puede calificar al conductor y el conductor evaluar también al usuario.

Ante la discusión pública que viene, y los amagos desde la Secretearía de Movilidad y la ALDF de “meter en orden” a Uber, vale la pena que autoridades y legisladores miren las dos caras de la moneda.

Si regular a Uber —que no prohibir—, pasa por regular a los taxistas, bienvenida la regulación. De otra forma, sería absurdo “meter en orden” una plataforma entre privados para proteger a miles de taxistas irregulares que se han convertido en clientelas políticas.

En una ciudad de libertades y de vanguardia como la capital, prohibido prohibir.

  Off the record... Ni el día feriado, ni el puente que más de uno tomará —a pesar de estar en medio del proceso electoral— frenarán dos asuntos jurídicos que están por resolverse. El primero, la impugnación a la candidatura de Marcelo Ebrard, como plurinominal de Movimiento Ciudadano.

El otro, más espinoso todavía, la exoneración del ex líder del PRI DF Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, quien no fue encontrado culpable del delito de trata de personas. Ambas resoluciones están listas ya.

 En boca cerrada... “Lo que dice el Papa lo voy a poner en mi Face, porque coincide con lo que nosotros venimos diciendo”.

Muy en serio, Andrés Manuel López Obrador señaló que el Papa Francisco (sí, leyó usted bien, ¡el Papa!), coindice con él en lo que respecta a que es “pecado social traficar con la pobreza de la gente”.

Twitter: @MLopezSanMartin