Que nos gobiernen los empresarios

El año que fue
Por:
  • gabriel-morales

Uno de los tantos mitos que se usaron para justificar la candidatura de Trump a la presidencia, es que una persona de negocios, con amplia experiencia en el manejo de grandes empresas, no solamente sería capaz de dirigir el país, sino que lo haría mejor que los “políticos”.

En el caso de Trump, el fracaso ha sido obvio; el gobierno estadounidense funciona hoy día no como una multinacional eficaz, sino como un reality show. Un tercio de los funcionarios de más alto nivel han renunciado o han sido despedidos y la inestabilidad en la Casa Blanca —incluso después de la llegada del nuevo jefe de gabinete, John Kelly— es tanta que el presidente y su equipo han sido incapaces de avanzar su agenda, pues día con día se encuentran ocupados en resolver crisis que ellos mismos provocan. El desastre administrativo, sin embargo, no es exclusivo de Trump.

Como parte de esta misma lógica, Trump eligió a Rex Tillerson, quien fungiera como CEO de Exxon, para ocupar la Secretaría de Estado. Tillerson, a quien Trump despidiera esta semana, es candidato a recibir el título del peor secretario de Estado en la historia estadounidense. Y es que dirigir las relaciones internacionales de Estados Unidos no es lo mismo que negociar contratos de exploración petrolera en Rusia y el Golfo Pérsico.

Lo más interesante, sin embargo, es que incluso en aquellos rubros donde Tillerson debió haber sido altamente eficaz, por ejemplo, mejorar los procesos burocráticos de la secretaría, establecer buena comunicación entre equipos de trabajo, contratar a funcionarios en puestos clave, Tillerson falló estrepitosamente. Tillerson se rodeó de un grupo pequeño de personajes sin experiencia en el ámbito diplomático y olvidó una de las lecciones más importantes en cualquier empresa: escuchar distintas opiniones.

Fue así como llegamos a una situación en la que enfrentados a una de las crisis nucleares más grandes de los últimos veinte años, Estados Unidos no tiene embajador en Corea del Sur, todos los expertos en asuntos nucleares en la península coreana renunciaron y el presidente Trump publica tuits sobre la situación sin consultar primero con Moon Jae-in, el presidente surcoreano. Al igual que Trump y Tillerson, muchos de los funcionarios de más alto nivel son empresarios. La hija de Trump, que incluso en el mundo empresarial tiene poca experiencia, ahora maneja varios de los temas centrales de la administración.

Jared Kushner, David Friedman (el embajador en Israel) y Jason Greenblatt, todos empresarios y  ninguno de los tres con experiencia diplomática en Medio Oriente, son los encargados de manejar el proceso de paz entre Israel y Palestina.

No, la presidencia y sus secretarías no son una empresa y las capacidades necesarias para dirigir una multinacional son distintas a aquellas necesarias para dirigir un país. Esto debería servir de lección para todos aquellos que nos dicen que sólo desde el mundo empresarial llegará el mesías, que de una vez por todas sabrá manejar nuestro país.