¿Qué quiere decir responsable?

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Por:
  • larazon

La resolución de la Suprema Corte sobre el caso de la guardería ABC podría ser un buen punto de partida para una discusión sobre el significado de la responsabilidad política. La ponencia del ministro Arturo Zaldívar es un texto realmente bueno. Problemático, discutible, sustancioso: muy bueno. Sobre todo es interesante el primer tercio del documento, en que se explica que el caso concreto de una guardería implica responsabilidades del más alto nivel porque las deficiencias que provocaron la catástrofe no son excepcionales, sino expresión de una pauta general.

Obviamente, el director general del IMSS no puede supervisar directamente cada una de las guarderías ni es responsable de lo que suceda en todas ellas, pero sí es responsable de la política general de autorización y supervisión y es responsable si por sistema se incumplen las normas de seguridad.

Insisto, es un buen texto, un buen principio para la discusión, porque sitúa de manera inteligente y muy bien razonada la responsabilidad política. Pero no podría ser la última palabra. Ni siquiera en el caso de la guardería ABC. El ministro Zaldívar es muy claro cuando explica por qué la resolución no tiene carácter vinculante, pero no estoy muy seguro de que la opinión pública lo acepte de buen grado. Y podría ser que, a fin de cuentas, una buena resolución resultase en un mayor descrédito de las instituciones porque no se traduce en sentencias concretas contra individuos concretos.

La idea de la responsabilidad que domina en la opinión mexicana es bastante estrecha. Básicamente se entiende como responsabilidad penal. Y se refiere siempre a la última autoridad. Hablando mal y pronto, la opinión mexicana quiere que el Presidente vaya a la cárcel, y junto con él todos sus secretarios de Estado, uno tras otro, y los de los últimos tres o cuatro gobiernos también. Y por debajo de eso, nada nos contenta. Absurdo, por supuesto.

Primitivo, sin duda. Pero es el correlato obvio de la casi perfecta irresponsabilidad de nuestra clase política.

Es verdaderamente bochornoso que nadie haya renunciado tras la muerte de 49 niños. Manifiesta una falta de decencia y de humanidad que debería ser punible. Bien: a esa desvergüenza, a ese cinismo insultante de la clase política, corresponde el ánimo vindicativo de la opinión que quiere verlos a todos en la cárcel.

Bien administrada, la resolución de la Suprema Corte podría servir para que comenzáramos a tener una idea más matizada e inteligente de la responsabilidad de los funcionarios públicos. Debería servir para establecer las diferencias entre la ineptitud, la negligencia y la mala intención, entre la pura tontería, la desvergüenza y la conducta criminal. Con ganas de ser optimistas, digamos: ojalá.